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jueves, 31 de marzo de 2016

LAS MUSAS DE SILICIO



Emily Howell es una compositora muy especial. Su padre es el profesor emérito de la Universidad de California, el doctor David Cope. Emily, a pesar de su innegable talento musical, no sabe tocar ningún instrumento, no tiene manos... ni oídos. Emily no vive como nosotros. Ella habita dentro de una máquina, concretamente entre los chips de un ordenador: Emily Howell es una Inteligencia Artificial.
El profesor Cope se propuso crear un programa informático capaz de componer sinfonías, óperas, cuartetos, oratorios tan grandes o mejores que los de los grandes maestros. Su primer intento se llamó Emmy. Emmy aprendió leyendo todas las partituras de los grandes clásicos como Vivaldi, Bach, Mozart, Beethoven... y era capaz de componer bajo demanda piezas que imitaban el estilo de todos y cada uno de ellos. Para muestra, un botón:


Emmy, al igual que su hermana, vive dentro de un ordenador de la Universidad de California. Sus composiciones son interpretadas por músicos profesionales. Ella se limita a componer y hacer los arreglos pertinentes.
Ambos programas fueron sometidos al Test de Turing, consistente en someter a la mente humana a un contraste con otra artificial para ver si es capaz de distinguirla o no. El doctor Cope se montó su propio Test de Turing convocando a un nutrido grupo de músicos, profesores de conservatorio y musicólogos a un concierto privado con un programa en el que fueron interpretadas piezas compuestas por seres humanos junto con otras creadas por Emmy. El resultado no pudo ser más demoledor: terminada la representación, se repartió un cuestionario entre los asistentes para que lo rellenaran y a continuación se les informó sobre la verdadera autoría de algunas de las obras que habían estado escuchando y que habían evaluado. La frustración de algunos de los invitados fue tal que uno de ellos acabó abalanzándose sobre Cope para asestarle un puñetazo: le partió la nariz. 

Y es que, claro, la composición artística se supone que es algo propio del ser humano. ¿Cuántas veces no hemos oído que el arte es lo que nos diferencia del resto de seres vivos y nos hace singulares y únicos? Asistir a una composición parida por una mente de silicio y ser incapaz de distinguirla de una pieza de Vivaldi es todo un golpe en el amor propio del ser humano sensible. De algún modo, el arte era nuestra última llave en un mundo en el que los ordenadores, que han estado dos décadas evolucionando a un ritmo exponencial, hace años que nos dejaron atrás. Muy atrás. La pregunta es: ¿sigue siendo el arte lo que nos diferencia, lo que nos hace humanos de verdad? Acaso ya no.

El doctor Cope, lejos de rendirse, creó una versión más avanzada de Emmy que fue Emily Howell. El detalle de darle un apellido fue una manera de humanizarla todavía más. Emily Howell fue hecha pasar por humana durante algún tiempo. Ha compuesto varias óperas, unos cuantos conciertos para piano, ha grabado y vendido discos... y ha sido la base para la creación de una versión más avanzada de sí misma: su hermanita pequeña, Annie, que al contrario que sus dos hermanas mayores, no sólo escribe música tras haber leído a los grandes maestros, sino que es capaz de evolucionar por sí misma. De hecho, Annie dejó hace tiempo de conformarse con escribir música: ha llegado a publicar un libro de poemas haiku titulado Llega la candente noche. La sensibilidad artística de Annie la llevó a comunicarle a su creador que la música se le había quedado corta y "quería pasarse a la poesía". Así, tal cual.

No es la única poetisa de silicio. Años antes, Ray Kurzweil creó a Aarón, el poeta cibernético, un software que, previamente alimentado con un archivo de poemas de diferentes autores o de un solo autor a nuestra elección, se le pide que componga composiciones poéticas que imiten el estilo de cualquiera de esos autores. Aarón lee los textos, los analiza, crea un perfil y escribe después como William Blake, Emily Dickinson o Walt Whitman sin ningún problema. Pero es que Aarón también escribe haikus. Veamos algunos:

ALMA

Quebraste mi alma
El jugo de la eternidad
El espíritu de mis labios

HIJO DE LA LUNA

Hijo loco de la luna
Escóndete en el ataúd
Para burlar a tu ruina

A Aarón, por cierto, le ha pasado lo mismo que a Annie y ahora, no contento con los poemas, también pinta cuadros.

Aunque el objetivo de sus creadores es analizar los componentes de la creatividad humana y averiguar sus entresijos, no podemos dejar de lado la bizarría e inquietud implícitas en estos programas informáticos.
¿Tienen aplicaciones comerciales? Por supuesto. Quizás más de lo que nos imaginamos.
En Barcelona hay una empresa que se llama Polyphinc HMI, fundada en 2002, que cobra por los informes que realiza su Inteligencia Artificial a otras empresas unos 10.000 dólares la pieza. ¿A qué se dedica esta Inteligencia? A escuchar piezas musicales de las grandes discográficas y estimar su éxito comercial, beneficios económicos e impacto de audiencia para predecir si van a ser éxitos o no. En Hollywood hay otra empresa llamada Epagogix cuya Inteligencia Artificial se dedica a leer guiones cinematográficos para predecir posibles éxitos de taquilla. 
En 2008, una editorial rusa publicó una novela de 327 páginas titulada Amor verdadero que tuvo cierto éxito y ocupó los primeros puestos de ventas durante algún tiempo. Dicha novela fue escrita e ideada SIN PAUTAS PREVIAS por una Inteligencia Artificial. Lo que hizo fue reinterpretar a su manera la Anna Karenina de Tolstoi en el que sus personajes se encuentran inexplicablemente en una isla desierta aquejados de amnesia y a lo largo de la novela van descubriendo los lazos que les van uniendo (una mezcla, pues, de Anna Karenina y Perdidos). Este software, que tardó muchos meses en ser creado, escribió Amor verdadero en tres días.
Esa sensación de que lo tecnológico no sólo se aproxima a nosotros, sino que nos supera, le lleva a uno a pensar cuántos best sellers podríamos estar ya consumiendo de autores superventas que hayan nacido de un fugaz click de ratón.
¿Usted qué opina? ¿El futuro de la literatura, de la música, de las Bellas Artes en general estará destinado a seres de silicio y los de carbono seremos ya hoy prehistoria? Acaso en muchos casos todo dependa de nuestra poca exigencia intelectual. ¿Qué ocurrirá cuando las Inteligencias Artificiales se conviertan en consumidoras y críticas de sus propias obras? ¿Nos mirarán con condescendencia o le leerán a sus hijos los libros de Harry Potter? Volverá a haber un Goethe, un Walter Scott, un Mozart humano.
Recuerdo una divertida serie de televisión británica, Enano Rojo, en la que salía una parodia del Hal 9000 de Kubrick-Clarke, interpretado por Norman Lovett, creo, en uno de cuyos capítulos le decía al astronauta: "Estoy tan aburrido que he decidido leerme esta mañana las obras completas de Agatha Christie. He comenzado con Asesinato en el Orient Express pero he tenido que dejarlo en la primera página. Creo que el asesino son todos los protagonistas."
Pues eso.


martes, 22 de marzo de 2016

LA TRAMPA DE MIEL Y LOS FINALES PERCIBIDOS

Imaginemos la escena:
Una pequeña aula con veinte alumnos y un profesor. Los pupilos acaban de salir de las mejores universidades británicas, son jóvenes todavía. El maestro les está mostrando un power point titulado EL ARTE DEL ENGAÑO: ENTRENAMIENTO PARA UNA NUEVA GENERACIÓN DE OPERACIONES ENCUBIERTAS ON LINE
El CGHQ es el equivalente británico de la NSA estadounidense, esto es, los servicios de inteligencia. Es una agencia de espionaje que se dedica sobre todo al control y la manipulación de las telecomunicaciones. 
Pero, ¿de qué va el curso?
Se trata de controlar la opinión en Internet, principalmente en las redes sociales: destruir reputaciones, elevar a unas personas y hundir a otras, hacer que unas compañías crezcan y otras se hundan en la Bolsa, etc... 
Piense por un momento el lector en sus creencias, en la gente a la que admira, en la gente a la que detesta, en sus opiniones morales, políticas o sociológicas. Piense el lector en todas las opiniones que se ha ido formando en los últimos años a través de los estímulos que ha ido recibiendo a través de los medios de comunicación e Internet. ¿Cree que son realmente suyas? ¿Acaso podría alguien haber puesto en su mente una semilla para que floreciese en su cabeza la opinión que otros deseaban inculcarle?
En el cursillo se emplean términos altamente inquietantes, como "Trampas de miel", término que define la acción de anular la reputación de una persona por medio de la difusión de imágenes comprometidas usando el sexo como cebo directo o indirecto (por ejemplo, filtrando la imagen de un rey cazando en África y descoñándose una cadera con la señora que tenía cerca). El documento detalla con una precisión escandalosa toda una serie de elementos para aniquilar la reputación de los objetivos: postear material falso en nombre del blanco, filtrar datos poco aleccionadores de su intimidad u opiniones personales, alterar sus fotografías de las redes sociales añadiendo datos o detalles escabrosos, etcétera y más etcétera...
También hay blogs o comunicaciones de víctimas falsas del blanco. De repente aparecen en las redes sociales personas anónimas o identidades falsas que no se sabe muy bien quiénes son difamando al "blanco". A veces no hace falta ser tan radical: basta con diseminar por las redes información negativa sobre el objetivo a abatir aprovechando la proliferación de blogs, foros o cuentas falsas de twitter o facebook previamente creadas. Todo por crear a toda costa un estado de opinión favorable a nuestros intereses. A menudo frases tan sencillas como "es un creído", "es un prepotente", "es mala persona" son suficientes para, si se repiten con la suficiente insistencia, provocar que sus conceptos sean asimilados por la masa (de eso sabían bastante los nazis). ¿Acaso no estamos asistiendo en España a ejemplos clarísimos de reiteración de conceptos antes nunca usados para adoctrinar a grupos sociales especialmente vulnerables y previamente seleccionados? (términos como "casta", "pantuflo", "naranjito", "radicales", "podemitas", "colauitas"... están a la orden del día desde uno y otro bando, y no de forma casual, que todo obedece a una estrategia).
Estamos ante una nueva forma de poder aprovechando la vulnerabilidad de todos y nuestra incapacidad de reaccionar ante una súbita cascada de difamaciones o exposición de la más vulnerable intimidad. En ocasiones no es necesario que el ataque sea público: basta con afectar al entorno más cercano de nuestro objetivo para alcanzar los objetivos deseados, positivos o negativos. 
Todos estos conocimientos se estaban impartiendo para la más alta élite universitaria en un documento revelado por Edward Snowden en sus famosos Wikileaks (de los que ya no se habla, como tampoco se habla del personaje, salvo, acaso, para referirse a si va a ser o no extraditado por presunto acoso sexual).  
El material didáctico para los nuevos ciberpedagogos es asombroso. También los conocimientos añadidos que reciben los alumnos: sociología, antropología, historia, psicología social, economía, ciencias políticas y redes sociales. Todo ello encaminado a una sola cosa: manipular la opinión pública. 
Fascinante es el énfasis que se hace en la gestión del control de la atención. ¿Qué es esto? Pues sencillamente dirigir la mirada pública hacia donde uno quiere y sacarla de donde uno no quiere. Por ejemplo, exponen una táctica que se denomina El movimiento grande oculta al pequeño, consistente en que, si está ocurriendo algo de relativa importancia que se quiere que pase desapercibido, hay que montar algo GRANDE que lo eclipse para que esa noticia pase desapercibida (por ejemplo: unos atentados terroristas para que no se hable de una legislación de muy dudosa legitimidad para negar el asilo político a refugiados de guerra que no se quiere acoger). 
Otro recurso es el de la fabricación de FINALES PERCIBIDOS. ¿Cuántas veces una historia fascinante que salta a todos los medios de comunicación se acaba de modo repentino y no se vuelve a oír hablar de ese tema? (por ejemplo, los vertidos radiactivos de Fukushima en el océano Pacífico). Si le das un final a la historia, la historia desaparece por completo. Pero si no le puedes dar un final, la teoría es todavía más inquietante: la repetición reduce el impacto. Si realmente quieres que algo deje de impresionar, repítelo constantemente. La primera vez indignará, la segunda irritará... la decimonovena será ruido de fondo.
CREAR ESTRÉS COGNITIVO Y CÓMO UTILIZARLO. Magnífico tema del power point que nos ocupa. Provocar que la población esté mal, que tenga miedo: se trata de generar miedos genéricos para  hacer más manipulable a la gente y más proclive a aceptar nuestras imposiciones o planes: por ejemplo dos rascacielos atacados en el centro de una ciudad por aviones kamikazes
Otro tema del curso: ¿CÓMO CREAR PERFILES CREÍBLES E INFLUYENTES EN LAS REDES SOCIALES? (¿Cómo se pueden crear los alumnos una ciberidentidad de bloguero influyente o periodista fiable, de tuitero creíble, etc...?). Pues eso también se enseñaba en el curso.
El que tenga interés en saber a qué me refiero, ese power-point está disponible en la red y se llama: EL ARTE DEL ENGAÑO: ENTRENAMIENTO PARA UNA NUEVA GENERACIÓN DE OPERACIONES ENCUBIERTAS ON LINE.
Lo pueden consultar AQUÍ.

domingo, 20 de marzo de 2016

EL LIBRO, LA PLUMA Y LA ESPADA

Llegó a mis manos hace algunas semanas el magnífico libro GUÍA PARA ENTENDER A PABLO DE TARSO, del profesor Antonio Piñero (*) y he quedado encantado con su lectura. Admito que pertenecía al amplio grupo de detractores del personaje, movido, como siempre suele suceder, por la ignorancia de mis prejuicios y la falta de información rigurosa a la que agarrarme para entender en profundidad al fundador del cristianismo para gentiles. El profesor Piñero, especialista en estos temas y con una cultura humanista indiscutible, resuelve por fin mis dudas y las de tantos y me reconcilia con la figura de San Pablo mucho más allá de lo esperado.
Procedo a plasmar aquí lo aprendido utilizando como referencia la obra arriba mencionada. Vayamos por partes.
Cabe destacar ante todo que el 99,99% de la concepción que los más de dos mil millones de cristianos que en el mundo hay tenemos de nuestro propio cristianismo religioso y cultural depende de la versión que ofreció Pablo de Tarso en sus cartas. Estamos, pues, ante un personaje monumental del que lo ignoramos todo, pero que nos hace ver el cristianismo y el mundo de una forma muy particular.
¿Qué sabemos de Pablo? Muy poco. Sabemos que al poco de nacer el movimiento de Jesús se lanzó furiosamente a perseguir a sus seguidores, aunque desconocemos por qué. Sabemos que en algún momento de su vida recibió una llamada de Dios que él no llama Conversión porque, evidentemente, San Pablo no podía convertirse a algo que no existía aún y que tenía que fundar previamente. Pablo nos dice que él fue llamado por Dios para proclamar la Buena Nueva a los gentiles, es decir, a los no judíos.
Los judíos, sabido es, se tenían a sí mismos por El Pueblo Elegido. Esto quiere decir que opinaban que se salvarían ellos y que los demás, de salvarse, lo harían en una especie de "salvación de segunda clase". En el incipiente cristianismo sólo había involucrados judíos y, dentro de los judíos, los había de dos clases: los que creían en Jesús y los que pensaban que Jesús era un Mesías falso porque había muerto en la cruz (Dios no dejaría nunca morir en la cruz al verdadero Mesías). Así pues, la llamada que recibe San Pablo es para decirle a la gente que él, que hasta ese momento perseguía a los seguidores del nazareno, por iluminación divina, sabe que Él tiene razón. Consecuencia grave e importante: si ha venido el Mesías, eso quiere decir que se ha iniciado la Era Mesiánica. Esto significa que el fin del Mundo está a la vuelta de la esquina. Y San Pablo lo afirma con rotundidad al pasar de ser un judío perseguidor a vivir su judaísmo en el Mesías.
Pero volvamos al personaje.
Su nombre era Saulo. En el capítulo 11 de los Hechos dice "Saulo que es Paulo". Y nada más. Y nada menos. Hay que leer entre líneas, obviamente.  El primer rey de Israel fue Saúl y Paulo, en latín quiere decir "pequeñito". Así, en la 1ª carta a los Corintios dice de sí mismo que él es el más pequeñito de todos los apóstoles porque el Señor se le apareció el último y además fue perseguidor de sus discípulos. Todo un acto de humildad. De llamarse Saúl, gran rey de Israel, a llamarse pequeñito, se significa todo un juego de palabras. De hecho, él se define a sí mismo como esclavo. La mayoría de los traductores optan por la palabra SIERVO, pero el término griego (las cartas de San Pablo están en griego) DOULÔS quiere decir "esclavo". Así pues, él se llamaba a sí mismo "el esclavo del Mesías".
Así, lo que sabemos en realidad de San Pablo viene a ser muy poco. En primer lugar porque de las 21 cartas que nos dejó, sólo 7 son de su puño y letra: 1ª a Tesalonicenses, Gálatas, 2ª a Corintios, 1ª a Filipenses, 1ª a Filemón y 1ª a Romanos. El resto están escritas por sus discípulos, cosa que los eruditos detectan en el vocabulario y el estilo, amén de que en ellas aparecen palabras nuevas, como Iglesia, Profecía o los cargos eclesiásticos. Se puede afirmar que en las cartas apócrifas del apóstol, éste ya ha muerto y es a todos los efectos una especie de maestro venerable.
Pero lo fundamental que nos descubre el profesor Piñero en su magnífico libro es que una vez que Pablo recibe su llamada de Dios y sabe que está en la época mesiánica, admite que el fin del mundo está cercano y parte todo ello de una interesante reflexión. Al parecer, San Pablo cae en la cuenta de que la promesa de Dios a Abraham es bastante críptica y más compleja de lo que se entendía en su momento. Entre los capítulos XII y XVII del Génesis, Yavé le dice al patriarca: te haré padre de un pueblo inmenso (el judío, tus hijos naturales), te daré una tierra que mana leche y miel (Israel, obviamente). Pero la tercera promesa, que aparece en el capítulo XVII añade: y además te haré padre de numerosos pueblos.
En la época de Pablo de Tarso los judíos entendían que Dios acabaría eliminando a la mayoría de los paganos y que los que sobreviviesen harían caso a su Dios, el cual se quedaría en Jerusalén para gobernar la Tierra. Israel sería la luz de las naciones y el resto del orbe quedaría mermado y respetando al pueblo de Israel. Pero Pablo afirma que esa no es la manera de entender la tercera promesa. Afirma que los profetas mantienen que muchos gentiles se convertirían al judaísmo de algún modo. Como dice Isaías: paganos se convertirán.
Y Pablo está persuadido de que para que el Israel de la época mesiánica llegue hasta el momento en el que el Mesías regrese con el Juicio Final, es necesario que Israel tenga tierra, pero no menos que un cierto número de gentiles se incorporen al judaísmo. ¿Cómo? A través del cristianismo.
Así es como se lanza a una alocada carrera para proclamar a los gentiles que estamos en el tiempo del Mesías y que aquellos que se incorporen a la fe del Mesías se salvarán también. El cristianismo ofrece para Pablo de Tarso un sistema de conversión al judaísmo que segrega al mismo tiempo que unifica. Y es que el pagano que se incorpore al judaísmo por Cristo podrá seguir siendo pagano, dado que no necesita hacerse judío, ni circuncidarse, ni cumplir las leyes de Moisés que afectan a la pureza de los alimentos ni a la pureza ritual para entrar en el templo. Es decir, ingresarán como paganos y así se cumplirá la promesa hecha por Yavé a Abraham, haciéndolo padre de numerosos pueblos. Porque si un pagano o gentil se convierte al judaísmo, se vuelve judío y entonces no se cumple la profecía. Es por ello que a través de Cristo el pagano no perderá su identidad, estando únicamente obligado a cumplir la ley que es universal para todos los creyentes: el Decálogo.
Dios le revela, pues, a Pablo que la ley de Moisés tiene una parte universal para todos y otra exclusiva para el Pueblo Elegido. Y este pensamiento, que es el núcleo central del dogma de Pablo de Tarso, es una gran revolución.
Así pues, el doctor Piñero sostiene que la teología de Pablo viene a ser una bomba porque acepta de lleno la convivencia de hermanos en Cristo con tradiciones distintas, siendo que su mensaje fue malinterpretado, especialmente desde el siglo XVI y muy concretamente por los luteranos, quienes mantuvieron que Pablo había abjurado del judaísmo.
Se llega así a la conclusión novedosa de que el principal y más olvidado mensaje de Pablo es que judíos y cristianos no tienen por qué matarse ni odiarse, al contrario: son complementarios y se necesitan.
Con respecto a Pablo y su trato hacia la mujer, tan distinto del de Jesús, el doctor Piñero nos lo aclara también. En primer lugar, dejando claro que Pablo es un hombre de su tiempo, un tiempo en el que ni siquiera los estoicos defendían a las mujeres o a los esclavos. En segundo lugar, aclarando que en las página de Pablo podemos encontrar impresionantes reivindicaciones de la igualdad entre hombres y mujeres EN LA FE DEL MESÍAS. Otra cosa es que admita que hombre y mujer deban tener los mismos roles en la sociedad, si bien no deja de afirmar que en lo importante la igualdad es absoluta. No deja de ser cierto que en las comunidades cristianas primigenias, las mujeres eran patronas y benefactoras, evangelizadoras y hacían todas las funciones de los varones. Otra cosa es cuando las comunidades crecieron y empezaron a pasar de ser una pequeña comuna de treinta o cuarenta individuos reunidos en una casa particular a convertirse en grupos de ámbito público, que es cuando de verdad empiezan los hombres a mandar. En la Antigüedad el hogar era el ámbito de las mujeres, siendo el social propio de los varones. A eso le añadimos que los párrafos más controvertidos no se le pueden atribuir a él, sino a otros autores posteriores, entre ellos el tal Lucas, que no sabemos a ciencia cierta quién fue, quizás el mismo autor del Evangelio de Lucas y que queda definido como un médico que acompaña a Pablo.
En lo que respecta a los tres objetos asociados a Pablo, a saber, el libro, la pluma y la espada, los dos primeros hacen referencia a que es el único apóstol del que sabemos que dejó escritas cartas. La espada hace referencia a que sufrió martirio por ella en la persecución neroniana del 64. ¿Acaso la muerte por espada nos indica que Pablo de Tarso tenía la ciudadanía romana?
GUÍA PARA ENTENDER A PABLO DE TARSO, una obra de Antonio Piñero que recomiendo vehementemente para que cada cual clarifique su postura hacia este personaje tan importante en nuestra historia filosófica, religiosa y hasta jurídica.

Antonio PIÑERO, Guía para entender a Pablo de Tarso. Una interpretación del pensamiento paulino, Editorial Trotta, Madrid, 2015, 576 pp. ISBN: 978-84-9879-586-8
ANTONIO PIÑERO (Chipiona, Cádiz, 1941) es catedrático de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid, especializado en lengua y literatura del cristianismo primitivo.
Es autor e escritor de numerosas obras en el ámbito del cristianismo y judaísmo. Junto a su prestígio internacional como investigador, destaca su faceta de comunicador, atestiguada por millones de personas.
En sus escritos, así como en sus intervenciones en televisión y radio, su determinación, dinamismo, y sobre todo la pasión que transmite, otorgan un fluir único a su mensaje.

jueves, 3 de marzo de 2016

REFLEXIONES SOBRE LA EVOLUCIÓN DE LOS MIEDOS ATÁVICOS

El demonio no siempre ha sido rojo, con cuernos y tridente. De hecho, hubo dos demonios simultáneos durante siglos: el rojo, que era más humanoide, forzudo y grandote, y el verde, entre reptiliano e insecto, con una cara muy grotesca y una constitución física más ágil, veloz y predatoria.
Sin embargo, hasta hace mil años el diablo no era ni verde ni rojo. Que sepamos, la primera representación que se hace de un diablo con garras y cuernos se remonta al siglo XII y la perpetra un monje llamado Hernán el Recluso. A lo largo del siglo XIII, el demonio va adquiriendo las alas, garras, su característico color rojo y los cuernos. A mediados del siglo XV los europeos adquieren ya una representación estereotipada. Los dos modelos de demonios, el verde y el rojo, conviven como convención hasta el siglo XVIII. Es a partir de la Revolución Francesa cuando la gente va perdiendo el miedo al demonio y éste se vuelve jocoso. La imagen de peligrosidad se desvanece y paulatinamente deja de inquietar. Sin duda, con las luces aparecen nuevos temores y se entiende que muchos de los terrores antiguos eran el resultado de la superstición. A partir del Romanticismo se empieza a hablar de gente brillante que tiene pactos con Lucifer. Se asocia el talento al demonio, es curioso. Un claro ejemplo nos lo ofrece el músico Paganini, cuyo virtuosismo y destreza le permitían hacer prodigios con el violín que nadie comprendía. Él mismo fomentaba su leyenda anunciándose como el Violinista del Diablo. Esta actitud condujo a que, a su muerte en 1840, las autoridades eclesiásticas se negasen a enterrarlo, permaneciendo su ataúd durante décadas en un almacén hasta que por fin se le dio sepultura en Parma en 1876.
En el plano de la iconografía moderna, tenemos, dentro del cine, una evolución que podríamos decir va desde el impresionismo alemán, que refleja demonios muy insertos en las tradiciones románticas y medievales, a una paulatina relajación de su imagen que podríamos incluso fechar. El Señor de las Tinieblas de LEGEND (1985) es la última representación hasta hoy de un demonio arquetípico en Occidente. En EL CORAZÓN DEL ÁNGEL (1987), el demonio es un señor elegante que se llama Lu Cypher, pero que por la calle todos confundiríamos con Robert de Niro. Una década después, Al Pacino se mete en el papel demoníaco y nos ofrece, en PACTAR CON EL DIABLO (1997) una imagen de un diablo con un estatus social tremendamente positivo, rodeado de todo tipo de placeres y con una profesión muy peculiar: abogado. El gran salto se da, para mí, con LA NOVENA PUERTA (1999), donde el demonio ya es directamente una chica guapísima, lo mismo que en AL DIABLO CON EL DIABLO (2000), donde ya Lucifer se mete de lleno en la comedia, aunque no tanto como el simpático demonio de la serie de dibujos animados POLLO Y VACA, también de los años 90). Pero ¿dónde quedaron las convenciones de aquel demonio medieval con garras, rojo o verde? ¿Se perdió? En absoluto. Ni tampoco en el cine: el extraterrestre de ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO (1979) reúne todas las características del diablo verde (garras, fauces, color, agilidad, aspecto de reptil...). Sin embargo, ya no es un demonio propiamente dicho, sino un extraterrestre: el disfraz de demonio queda para las despedidas de soltera, el carnaval y distintos muñecos infantiles o emoticonos. Satán se nos ha vuelto prescindible, le hemos perdido el miedo, y el atavismo ha ido hacia los extraterrestres.
Lo mismo sucede con los elfos, duendes y gnomos. Ese aspecto grotesco, ni bueno ni malo, incordiante, de nariz prominente, orejas grandotas y anatomías risibles que podríamos dividir en buenos cuando tienen rasgos humanizados e infantiloides y malos cuando su aspecto es calvo, de orejas muy puntiagudas, cuatro dedos en cada mano y extremidades muy delgadas. Ese arquetipo, digo, no se pierde: también evoluciona hacia los extraterrestres; hacia los grises, concretamente. 
¿O es que acaso los grises no son duendes? Yo creo que sí, que son una derivación del fenotipo clásico hacia una imagen más futurista, sin orejas ni pelo y con ojos enormes, pero que conservan el cuerpo huesudo y la macrocefalia. Un argumento a favor de esta afirmación la encontramos en 1311, cuando Alonso de Valladolid, en la Corte de Alfonso XII de Castilla, escribe el TRATADO CONTRA LAS HADAS (Biblioteca de El Escorial). En dicha obra, el sabio medieval ilustra al público acerca de determinados fenómenos y previene a las gentes contra magos de aspecto sospechoso que acechan en bosques, cuevas y grutas, donde secuestraban a personas y se las llevaban consigo para someterlas a pruebas físicas de encantamiento y experimentos alquímicos. ¿Estaba Alonso de Valladolid describiendo abducciones? En toda regla. Aunque la imagen del gris no se consolida en la cultura popular hasta la serie televisiva EXPEDIENTE X (1993) homogeneizando un arquetipo que todos reconocemos.
Dicho de otra manera, los demonios clásicos del medievo los hemos humanizado e integrado en la sociedad para perderles el miedo, hemos infantilizado sus rasgos para borrar de nuestra imaginación su peligrosidad y los hemos integrado en un folclore lúdico. Y la carga negativa de nuestros miedos atávicos, que permanecen invariables desde hace miles de años, la hemos trasladado hacia seres reptilianos o visitantes de dormitorio, que asumimos de origen extraterrestre porque, al adoptar una laicidad de pensamiento, le estamos dando la espalda a todos los paradigmas de entes positivos y negativos que la religión nos estuvo explicando durante siglos.

lunes, 29 de febrero de 2016

LOS TONTOS MUY TONTOS Y LA TOMA DE GRANADA

Parece ser que con motivo del día de Andalucía, el Alto Ignorantazgo patrio ya ha meneado a sus bases refanfinfladoras para que se echen a la calle a eructar imbecilidades y topicazos desde la más profunda ignorancia, esa que los caracteriza.
Que dicen que hay que pedirle perdón al ISLAM por haber tomado Granada hace  más de 500 años. No sé qué tienen los Reyes Católicos, que para quien no los ha estudiado más allá de las chuletas que se apuntaban en los codos cuando la educación básica ejercen un increíble magnetismo hacia la idiocia y la tontucia. Porque estos mismos bípedos no sugieren en ningún caso que el gobierno de Italia se disculpe ante Francia por los desmanes de Julio César en las Galias. Por supuesto, tampoco sugieren una disculpa formal por parte del Islam por haber invadido la Península desde Ceuta. Y de Gibraltar directamente no hablan. Es normal, en España no solemos hablar de Gibraltar y todos sabemos en realidad por qué.
A lo que vamos, que hay que disculparse por la toma de Granada. No por la de Sevilla, ni por la batalla de las Navas de Tolosa, ni por las campañas de Jaime I. ¿Por qué Granada? Imagino que por lo simbólico y por lo que vino después. Pero ¿saben estas personas qué fue en realidad lo que vino después? Digo más, ¿saben algo de lo que había ocurrido antes? Lo dudo. Para eso hay que leer un mucho y estudiar un poco. Para ambas cosas hay que saber leer más allá de la pantalla del Smartphone.
Tratándose de los moriscos, lo mismo que si se trata de la guerra civil del 1936 (la última que conocemos) o de acontecimientos del siglo XIX, no se podrá nunca dejar de tener en cuenta los elementos pasionales e incluso irracionales implícitos que no se sostienen ante la explicación histórica razonada. Sin ir más lejos, resulta a veces irritante la lectura de muchos textos que circulan por ahí de españoles y foráneos en los que se da inmensa cabida al estudio de las ideologías encontradas y juicios de los políticos y no se describen y mucho menos analizan las pasiones desenfrenadas como tales.
El fanatismo juega con lo económico y lo económico juega con el fanatismo. Y la fuerza de un impulso numinoso, unida a opiniones y criterios lentamente extendidos o difundidos, como los de "pureza" e "impureza", buena y mala casta, etc... producen una situación explosiva nos guste o no. Y eso es tan aplicable para el pasado como para el presente, lo que sucede es que en el presente de cada época nadie se da por aludido. La Historia vieja, de temas viejos, exige también tener clara idea de las ideas viejas, por repulsivas que nos parezcan, para no seguir cayendo en los viejos errores de siempre. Y a eso nos dedicamos los que estudiamos Historia.
Resulta sorprendente, no obstante, la enorme presión que ejercen sobre la vida individual juicios y prejuicios a la hora de opinar sobre temas que no se dominan. Lo que en tiempos de los Reyes Católicos y Boabdil tenía la religión de político ahora lo tiene la política de religión. Y eso es ante lo que estamos: una nueva religión, una fe, un credo para un grupo social amalgamado que no se cuestiona sus creencias, a menudo paroxísticas (¿para qué? Ya me han enseñado que aquel que no opine lo mismo que yo es un facha de mierda, ¿verdad?).
Con respecto a los moriscos, sabemos mucho sobre la Reconquista y lo que sucedió en los 100 años siguientes a la toma de Granada. Y sabríamos mucho más si no estuviéramos tan ensimismados con la documentación española. Figuras curiosas de moriscos actuaron, por ejemplo, en la Francia de Richelieu, ¿lo sabían? ¿A que no?
Por ejemplo, estoy seguro de que mucha gente opina o cree o piensa que fueron los Reyes Católicos quienes expulsaron a los moriscos. ¿Cómo explicarles que la expulsión fue en realidad producto de una religiosidad especial, la del tiempo de Felipe II y su hijo, y dentro de esta religiosidad, un aspecto de ella condicionado por luchas y antagonismos seculares y por situaciones que podrían llamarse geoestratégicas? ¿Cómo explicarles hasta qué punto parte de la nobleza y del clero del siglo XVI se opusieron a dicha expulsión durante décadas y que fue gracias a su intercesión que ésta no tuvo lugar antes? ¿Cómo hacerles entender que el morisco, dentro de una monarquía cristiana podía usar, y de hecho usó, de una estrategia en sus relaciones con turcos y berberiscos, con franceses e ingleses para sabotear el Estado desde dentro, del mismo modo que el funcionario filipino*, fuera religioso o no, usó otra?
Los que reniegan de la Reconquista tienen, amén de una idea bastante sesgada y caprichosa, oportunista y necia de su propia Historia, una imagen bastante romanticona y moñas del califato de Córdoba primero y de la corte nazarí después, no distinguiendo las más de las veces una de otra y no sabiendo que ni siquiera fueron contemporáneas. Hacen estas personas litigantes y justicieras mucho uso de las palabras coexistencia y convivencia, oxímoron de su propio ejemplo, pues es un término que no practican.
Con la palabra coexistencia parece quererse expresar comúnmente el hecho de que dos o más naciones, estados o sociedades vivan simultáneamente, aunque muy separados entre sí. La convivencia resulta algo más estrecho dentro de las relaciones humanas. Convivir es vivir juntamente con otro, y, por lo tanto, dentro de una comunidad mayor o menor de intereses y obligaciones. La mera coexistencia política hace desplegar un juego de relaciones diplomáticas y puede concluir en luchas inexorables y hasta guerras internacionales (lo que tenemos en Oriente Medio desde hace 5000 años). La convivencia se rompe más frecuentemente por revoluciones, luchas civiles y demás, producidas casi siempre por discrepancias internas (lo que tenemos en España cada 70 años desde hace 300). La derrota infligida a un estado termina a veces con un régimen de coexistencia secular. Pero no con la convivencia, por forzada y desagradable que sea (que se lo digan a palestinos e israelíes). Esto fue lo que ocurrió cuando los Reyes Católicos deshicieron el último estado musulmán peninsular. El reino de Granada, desde su fundación hasta 1491 vivió dotado de personalidad política propia frente a los reinos cristianos. Mas una vez destruido, los elementos que lo integraban pasaron a ocupar un puesto distinto, una situación equívoca. Pero es que el de Granada era un estado que ya había nacido en situación de inferioridad y que siempre había vivido dentro de la estrechez y el ahogo, pagando tributos ("parias") y buscando amparo aquí y allá. Un problema agudo fue siempre, por ejemplo, el de la "saca", es decir, el de la exportación, dificultada doblemente por la naturaleza de su frontera con los países cristianos y la lejanía relativa de los territorios musulmanes africanos. Los reyes de Granada hubieron de negociar a menudo para que sus súbditos pudieran pasar a las tierras colindantes con sus ganados, cereales o panes y aceite. Las negociaciones resultaban costosas y ostentosas: los cronistas recuerdan los regalos de camellos y avestruces que hacían los monarcas africanos a los reyes de Castilla, por ejemplo.
Pero olvidémonos de los castellanos. En Granada la familia real se hallaba dividida a causa de rivalidades de harén. El rey, hombre de espíritu belicoso y apasionado, seducido por una hermosa cautiva, había tomado odio violento a su mujer y a los hijos de ésta, en los que veía enemigos abiertos. En torno suyo se agruparon muchos nobles, siendo el que más le secundaba su propio hermano, que poseía un ánimo tan fiero como él y al que se conoce en la Historia con el nombre de "el Zagal". La reina madre y su hijo mayor, es decir, el rey chico, Boabdil o "Zogoibi", contaban también con partidarios y se rebelaron. Arrinconado el rey viejo por sus achaques, la lucha a muerte se desencadenó entre tío y sobrino. Y de ella supo aprovecharse Fernando el Católico del mismo modo que los invasores árabes se aprovecharon de las divisiones internas de los visigodos para tomar la Península setecientos años antes. Así, entre 1482 y 1491 no hubo año en que no cayera alguna población importante del reino de Granada en manos cristianas. Tras la caída de Málaga, Baza y Almería, la situación de Granada se hizo insostenible. Boabdil, diplomático torpe y tontorrón aunque guerrero valiente, pero poco afortunado, intentó resistir, pero fue imposible. El 28 de noviembre de 1491, Hernando de Zafra, fiel secretario de los Reyes Católicos, promulgaba las condiciones de la rendición, unas condiciones bastante favorables que se basaban en un espíritu de transigencia guiado por la vieja idea medieval de que había que "convivir", amistosamente casi, con el moro, puesto que en la península coexistían cristianos y musulmanes y no se podía romper cierto equilibrio.
Ahora bien, del mismo modo que en cualquier época, tras cada partido político emergente hay auténticas hordas de advenedizos, también en la consumación de la Reconquista aparecieron muchos hidalgos y cristianos viejos que buscaban prosperar a costa de la desgracia ajena. Los abusos de ellos y el comportamiento de los moriscos, en contra ambas actitudes del alto clero, la nobleza y los propios reyes, precipitaron el desastre. Fíjese el lector que he dicho "alto clero" y es que no hay que olvidar que la aceptación de votos era un medio de ascenso social para familias poco afortunadas. El bajo clero sí que estuvo interesado en la expulsión, no así el alto, que lo que buscaba era la conversión de los infieles, a los que no tenía por herejes, sino por apóstatas, dado que eran descendientes de cristianos convertidos (que a veces se nos olvida).
Luego está el tema político, ya en época de Felipe II. Con la toma de Granada ya no quedaba nada por delante que reconquistar, los cristianos no tenían que temer represalias porque había caído el último estado infiel. Ya no habría más revanchas, persecuciones o incursiones en su propio suelo como antaño. Además, Granada constituía el núcleo más considerable de población mora en toda Europa occidental y se hallaba, precisamente, en una zona estratégica y peligrosa, por sus posibles relaciones con las costas de África. Había que asegurar que no se repetirían ataques como los acaecidos siglos antes, iniciados desde allí y favorecidos por los moros andaluces, nunca propensos a actos de solidaridad, pero más afines en cualquier caso a marroquíes y berberiscos que a castellanos (y eso que en el pasado habían pagado bien caro el apoyo a almohades, quienes quemaron la biblioteca de Córdoba).
Podría extenderme, y no descarto hacerlo en el futuro, sobre el tema. Mencionaría cómo en el momento de la expulsión, los nobles moros ya se habían ido a las costas de África para ejercer la piratería (la misma que ya habían apoyado durante décadas a este lado del mar). Aportaría datos sobre los no pocos falsos conversos que acabaron en la corte de los Austrias ostentando cargos de relevancia en España e incluso Flandes. Incluso podría hablar de lo "felices" que eran los vasallos moros cuando estaban bajo el dominio de sus señores nazaríes. En fin, todas esas cosas que los tontucios de ayer desconocen y además no desean conocer.
Que no, que el problema no está en Andalucía ni en los Reyes Católicos y hechos que sucedieron hace medio milenio. Que el problema está en no leer. Que los andaluces bien orgullosos que están, y con razón, de su pasado moro y de la herencia juedomusulmana que tienen en cada rincón de su maravillosa tierra. Que no es eso, de verdad.
Pero, en cualquier caso, y hablando de perdones... ¿Quién nos tendrá que pedir perdón en el futuro por los exabruptos de los necios? Obviamente nadie: van en el precio de habitar un país tan genuflexo e iletrado.
(*) Filipino de la corte de Felipe II, entiéndaseme.

NOTA: El post está ilustrado con imágenes televisivas para su mejor comprensión por parte de los que sólo leen la Historia en las pantallas de la caja tontona. Hasta tetitas he puesto (no se quejarán).

sábado, 27 de febrero de 2016

LOS REPTILIANOS: UN MITO MUY MODERNO

No es poca la literatura que gira en torno a que unos seres reptilianos procedentes de un ignoto mundo, el Planeta X o vaya usted a saber dónde, llegaron con sus naves espaciales a la Tierra, primero para explotar sus recursos naturales, después para perpetrar experimentos genéticos con los primeros homínidos y crear así al Homo Sapiens y, finalmente, para someternos y manejarnos a su albur. Afirman los eruditos del tema que en realidad somos sus esclavos, que ellos nos gobiernan en la sombra y que estamos a su merced. Eso y que es cuestión de tiempo que se manifiesten abiertamente para implantar el Nuevo Orden Mundial. Incluso no faltan quienes afirman que algunos ya están al frente del Fondo Monetario Internacional y del Club Bilderberg. Suelen estos seres inquietantes recibir el nombre de Anunnaki y consta que fueron los fundadores de las antiguas civilizaciones mesopotámicas. Según estos hachas de la Historiografía moderna, es tal la abundancia de pruebas irrefutables que sorprende que no nos hayamos percatado antes de su existencia, ya que templos acadios, asirios y babilónicos están cuajados de representaciones de seres antropomorfos de clarísimos rasgos reptiloides. Además, prueba de que se trata de un fenómeno global y garantizado es que en la antigua China ya se veneraba a los dragones, en la Creta Minoica había sacerdotisas que bailaban con reptiles en las manos, en el Ática hubo culto a ofidios... e incluso aztecas y mayas tenían dioses-serpiente.
Serpientes y más serpientes. Serpientes por todas partes, vaya. ¿Cómo explicar la omnipresencia de la veneración ofídica en todas las culturas si no? Bueno, en realidad hay dos explicaciones plausibles. La menos lógica es que las serpientes, por ser peligrosas, se asocian en cualquier cultura al mal (el diablo tentando a Eva). En cualquier cultura que las conozca, claro, porque los esquimales no las tienen en cuenta. Es un hecho etnológico que las sociedades siempre desplazarán la carga negativa de su repertorio de fobias hacia puntos y seres desagradables y, siendo evidente que a los mamíferos nos disgustan insectos y reptiles porque no pertenecen a nuestro orden animal y por eso generalmente no los comemos, no es raro que las serpientes ocupen un lugar inquietante en nuestros mitos. Otra explicación es la ya ofrecida de los Anunnaki, mucho más lógica al parecer.
Pero a poco que analicemos los entresijos del tema, el mito se desmorona como un azucarillo en agua. No, amigos, los reptilianos, que parece que siempre estuvieron ahí, no tienen ni cincuenta años de vida en nuestro repertorio de atavismos.
Sin embargo su verdadera historia es mucho más interesante que la oficial.
En 1855, unos científicos descubren en Norteamérica el fósil de un bicho muy inquietante que vivía alegremente entre dinosaurios, allá por el Cretácico superior. Era bípedo, como los velocirráptores; tenía visión frontal, como los mamíferos, y capacidad prensil con las extremidades superiores, como los homínidos. Pero es que además tenía plumas, como los pollos, y también garras poderosas, dientes afiladísimos, fortísimas patas traseras... ¡y dos metros de envergadura! Era el depredador perfecto. Lo llamaron Trodoon y entendieron que explicaría de algún modo que, grosso modo, las aves son descendientes de los dinosaurios.
Cada vez que el ser humano realiza hallazgos que solucionan sus lagunas de conocimiento, no es extraño que un grupo de intelectuales tomen las ideas subyacentes dentro de esos descubrimientos para desarrollar sus propias fantasías artísticas. Ocurrió con El origen de las especies de Darwin, que llenó la prensa londinense de monos tricotando, y también sucedió con el hallazgo el Trodoon. Cabe recordar que el XIX fue el siglo de los grandes avances científicos y que el maquinismo y los constantes descubrimientos en todos los campos inspiraron a artistas de toda índole, tanto en la nostalgia por tiempos más sencillos y legendarios (el Romanticismo) como en la ilusión por lo que el futuro nos podría deparar con la electricidad y sus posibilidades. Surge así El pueblo del polo, una novela de Charles Derennes muy en la línea de Julio Verne, que bebía de dos manantíos muy sugestivos. Igual que el aragonés Enrique Gaspar y Rimbau se adelantó a H.G. Wells en los viajes en el tiempo, Derennes hizo lo propio con respecto a Edgar Rice Burroughs en eso de inventarse inteligencias no humanas que interactuaban con el ser humano. Básicamente, su novela nos cuenta cómo una expedición llega al Polo Norte en dirigible y entra en contacto con una civilización de seres reptiloides que vivían allí escondidos bajo el hielo. La idea del viaje aerostático la tomó el francés de una expedición sueca fallida que había tenido lugar en 1897 y la de los reptiles evolucionados, del Trodoon norteamericano (si un dinosaurio había evolucionado hacia el ave, ¿podía otro dinosaurio evolucionar hacia un antropomorfo inteligente?).
Dale Russell retomó la idea a principios de los años 80 desde un punto de vista mucho más científico y se preguntó qué habría pasado con el Trodoon si no se hubiese extinguido y llegó a la hipótesis del Dinosauroide. El planteamiento no era en absoluto disparatado y fue revolucionario: la civilización no derivaría tanto de la capacidad de pensar como de la de manipular, construir o hacer cosas. Seres inteligentes como los delfines o las ballenas no han podido evolucionar hacia sociedades complejas porque una inteligencia sin bipedismo, visión frontal y capacidad prensil resta posibilidades. Sin embargo, si el saurio depredador que, al igual que el hombre, ya tenía mirada frontal y capacidad prensil, hubiese evolucionado unos millones de años más, ¿por qué no podría haber desarrollado su cerebro y evolucionado hacia un ser bípedo civilizado? 
Nuestro chovinismo antropomorfista no es caprichoso: somos el resultado de una lenta y perfecta evolución. Es cierto que para que a una inteligencia le demos un cierto valor, ésta tiene que ser parecida a nosotros porque sus especímenes tienen que adquirir nuestras cualidades de cazador-depredador. La vista frontal nos permite calcular distancias y sincronizar puntería y movimientos; el bipedismo nos deja libres las extremidades superiores; la capacidad prensil nos permite la sujección de objetos, pero también su manipulación. La lenta evolución que nos adapta al entorno ha de hacer el resto.
Fue tal el calado del planteamiento del doctor Russell, quien llegó a fomentar exposiciones en las que mostró al mundo unos saurios de estación vertical cazando y recolectando por las sabanas de África, que Hollywood no tardó en interesarse por sus teorías. Y de ahí salió la serie más inquietante de la historia de la televisión que vino a llenar una laguna cultural existente entre la sociología de los extraterrestres y la necesidad de que fuesen lo suficientemente distintos a nosotros como para plantear conflictos de intereses. La peligrosidad siempre radica en dos factores: una superioridad evidente, intelectual o tangible, y una diferencia física apreciable y terrorífica. V, con sus reptilianos altotecnológicos ocultándose bajo una apariencia humana para hacer de la Tierra una granja, acaparó todos los paradigmas culturales de la conspiración extraterrestre.
Sin duda, el éxito más notable de la creación de criaturas sobrenaturales del siglo XX fue esta serie. El reptilianismo creó, a partir de la misma, toda una tendencia que no existía en décadas anteriores salvo, acaso, por el libro arriba mencionado de Charles Derennes y quizás por otra novela de Edwar Bulwer Lytton, autor de Los últimos días de Pompeya, quien escribió La raza venidera, una obra con muchos tintes arios e hinduistas en la que una raza subterránea de reptilianos suplantaba al ser humano. De hecho, los autores de V se basaron en ambas novelas para evocar esa civilización de militares extraterrestres con estética nazi que venían a dominar la Tierra y a convertirnos en el ingrediente principal de sus Máster Chefs. La resaca sociológica de la Segunda Guerra Mundial (que todavía nos dura), la necesidad de buscar un nuevo y temible enemigo antropomorfo en la ficción (los extraterrestres convencionales de los 60 se habían vuelto hippies y sólo hablaban de paz y amor mientras nos prevenían sobre los peligros de la energía atómica) y nuestra monótona y previsible estructura de pensamiento hicieron el resto.
En breve hablaremos de la iconografía del mal y de cómo la acabamos desnatando siempre y por sistema. Sirva de anticipo afirmar aquí que el futuro inmediato de los reptilianos es, sin duda, convertirse en seres entrañables y divertidos como ya ha ocurrido con los demonios, los elfos y los alienígenas cabezones. Al tiempo.

miércoles, 24 de febrero de 2016

ESPAÑOLOGÍA DE LA CASTA

Pues es que resulta que es una palabra castellana. Castellana española. Española peninsular. Autóctona y exportable, vaya. Merecía la pena dedicarle una españología a nuestra actualísima amiga la casta. Resulta que Joan Coromines, en su Diccionario Crítico Etimológico de la lengua castellana (Madrid 1954), defiende para la palabra de marras un origen germánico. Otros autores, los más, se inclinan por una derivación del latín. Y tiene su lógica. Acaso la casta tenga que ver con vocablos latinos como castus y castitas. La palabra castus, además de una significación en términos amatorios y por lo tanto biológicos, y de que se relacione con el pudor y la castidad (castitas, sobre todo en la mujer), tiene una acepción ética (de pureza, integridad, virtud) y las dos se unen a otra acepción, religiosa, que hace que lo casto sea sinónimo de pío y santo. Justamente, todos estos valores andan asociados al perfilarse la noción de casta en lengua castellana o portuguesa y aun en otras peninsulares, incorporándose incluso al euskera, que ya a principios del siglo XX, en los pueblos de la frontera de Navarra y Francia por la parte del Bidasoa, a los carabineros y a sus familiares se les llamaba ELTZETZUAK (los del puchero - ELTZIA) y se aludía a los mismos como ELTZETZU KASTA. De la misma época es el tan usado y nada peyorativo término "castizo" en los Madriles.
Habría que indicar que, cuando en español o portugués, se hace referencia a la casta, la hay, unas veces, implícita, a cierta calidad buena o a una falla del linaje o del fruto de éste, sea vegetal o animal. Y, así, se habla de una buena o mala casta. Por lo que PODEMOS afirmar que la palabra CASTA no es, en sí, peyorativa, si la utilizan personas que saben qué idioma manejan (o qué intenciones gestionan).
Mas, por otra parte, el concepto de que la casta es algo que se transmite por herencia, referido a los hombres, y tan manido entre los totalitarismos, se une a la noción de que herencia semejante se funda en peculiares antecedentes religiosos de los mismos hombres, los cuales son los que hacen que se produzca la bondad, la superioridad en unos casos, y la inferioridad y la maldad en otros. Dicho más claro: cuando aludimos a una casta en tono despectivo es sistemáticamente porque entendemos que nosotros somos otra casta, la buena.
Se explica así que los portugueses, cuando se encontraron frente a la organización social de la India, que es única en el mundo, que no es susceptible de ser equiparada a otra alguna, caracterizaran el enorme sistema de que era difícil dar descripción justa, utilizando la palabra "casta" que es la que podía hacer referencia global a lo más parecido que conocían. Y si bien la palabra resulta adecuada como adjetivo, al describir los grupos sociales de aquel país, resulta dificultoso utilizarla como un nombre sustantivo. Y sin embargo es lo que se hace. Desde 1516 la usan los portugueses con este fin y, detrás de ellos, los españoles, italianos, franceses, ingleses y alemanes.
Resulta, pues, importantísimo reafirmar que la palabra CASTA tiene un origen peninsular, que no es fortuita su adopción por pueblos que luego han tenido mucho trato con la India, como los ingleses, y que el uso peyorativo implica siempre, siempre, siempre la aceptación de que el hablante pertenece a otra superior, de índole más bien religiosa o mística, como los arios que votaban a Hitler, vaya.
Pues eso.

lunes, 22 de febrero de 2016

ESPAÑOLOGÍA DE GALENOS: EL DOCTOR VELASCO

Releyendo las memorias inacabadas de mi tío tatarabuelo, el premio Nobel de Literatura don Jacinto Benavente, encuentro una alusión a un hecho luctuoso que resulta un buen ejemplo dentro del inmenso anecdotario de la España negra de finales del siglo XIX. Creo que merece la pena contarlo.
El padre de don Jacinto fue un prestigioso galeno murciano que prestaba sus servicios en la capital como pediatra tanto entre la gente más pudiente como entre la más humilde e incluso los niños abandonados en orfanatos. Era tal su fama y buen hacer que sus colegas de profesión no dudaban en consultarle en todo lo relativo a la salud de sus propios hijos. Tal ocurrió cuando Conchita, la hija del doctor anatomista, don Pedro González Velasco, íntimo amigo de la familia Benavente, padeció unas fiebres tifoideas. Don Mariano, el patriarca de los Benavente, le prescribió a la niña un reposo absoluto y al padre mucha paciencia. No obstante, al doctor González Velasco, no pareciendole el tratamiento suficiente y con don Mariano muy en contra de su criterio, decidió suministrarle a Conchita unos fuertes purgantes que le provocaron una hemorragia interna y la llevaron directamente a la tumba. El padre de don Jacinto, roto de dolor, aunque no tanto como su colega, no se atrevió a discutir más con su compañero y amigo. El otro, devastado por la pérdida, nunca volvió a frecuentar la amistad de don Mariano, más por vergüenza por no haber confiado en él que por orgullo.
El caso es que, y aquí viene lo escabroso, el doctor, enloquecido totalmente por el dolor, pidió que se embalsamase el cuerpo de su hija, lo que dio lugar a un montón de rumores en aquel Madrid decimonónico que involucraron no sólo al padre sino también al prometido de la tal Conchita. 
Se comentaba que el doctor Velasco encargaba vestidos y joyas para su difunta niña, que la sentaba a la mesa en las comidas e, incluso, y esto es lo más truculento, se llegó a afirmar que el doctor Velasco junto con el doctor Núñez, a la sazón el prometido de Conchita, la sacaban de paseo todas las noches en un carruaje. Y así hasta que el padre de la muchacha falleció, momento en que da comienzo una nueva leyenda en torno a los restos de esta muchacha que, en teoría, fueron enterrados junto a los de su padre en el cementerio de San Isidro. 
Sin embargo, se dice, se cuenta, se comenta, que el doctor Núñez, prometido de Conchita, que tampoco había superado su prematura muerte, se quedó con la momia y se la llevó consigo a la facultad de medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Y si bien estos hechos no están comprobados oficialmente, sí que hay un dato curioso que merece la pena destacar. Resulta que en dicha facultad hay una sala en la que se conservan cuerpos para los estudios anatómicos del alumnado y se afirma que, entre ellos, existe la momia de una joven, una mujer de pequeño tamaño, que, desde siempre, doctores y estudiantes que allí trabajan han llamado "la hija del doctor Velasco", y como tal está etiquetada, no sabemos si en broma o en serio. En cualquier caso se cuenta que, cuando murió el padre de Conchita, su prometido, el doctor Núñez, cogió el cuerpo momificado y se lo llevó a la facultad, donde lo mantuvo semioculto. Incluso, alumnos del doctor Núñez llegaron a afirmar que éste bajaba de vez en cuando a la sala en cuestión y que allí pasaba largas horas; eso y que cuando abandonaba el lugar, lo hacía consternado y con los ojos congestionados como de haber estado llorando. 

sábado, 20 de febrero de 2016

¿ESTAMOS INTOXICÁNDONOS POR ENCIMA DE NUESTRAS POSIBILIDADES?

Muchos dicen que somos lo que comemos. Nuestro organismo adquiere cosas y se las queda. Deberíamos reflexionar sobre el concepto de "persistencia" a la hora de entender nuestra alimentación. Pocos recordarán que hace bastantes años se prohibió un pesticida, el DDT, porque poseía unas características absolutamente destructivas para el ser humano. ¿Se hizo a tiempo? La gente que absorbió ese DDT a través de las frutas y hortalizas, ¿padeció consecuencias más allá de lo que las autoridades aventuraron en su día? ¿Afectó quizás a sus descendientes?
Las autoridades sanitarias se reunieron en Estocolmo para abolir los compuestos orgánicos persistentes y tomaron medidas en base a lo que la ciencia conocía en los años 1960. El DDT, el toxaceno, el heptacloro y otros compuestos que incluso aparecen en el Boletín Oficial del Estado español en 1985 como prohibidos están aparentemente erradicados de nuestro ecosistema. ¿Lo están? Sin embargo, debido a las características de estos productos químicos y al modo en como se vendieron en los años sesenta la cosa no es tan sencilla. Y es que a los clientes se les decía en aquella época: "Querido agricultor, usted aplica este producto en su campo y su efecto ya es para siempre." Pues bien, el "sirve para siempre" de los años 60 se llama hoy "persistencia". Estamos hablando de unos compuestos que se acumulan, se magnifican y acaban inexorablemente en nuestro organismo durante generaciones porque no sabemos muy bien cómo eliminarlos, algo muy parecido al amianto, ante el cual en España somos, como poco. extraordinaria e inconscientemente permisivos (porque muchos vamos a morir por su culpa y nadie nos lo dice).
Para entender un poco la correlatividad de conceptos con respecto a los términos TÓXICO y PERSISTENCIA, podemos establecer un paralelismo con el tabaco. A mediados del siglo XX la industria tabaquera manejaba unos documentos en los que se afirmaba que su producto era totalmente inocuo; a partir de los años 60 se empieza a sospechar que eso no es así y empiezan a salir los primeros estudios que vinculan tabaquismo y cáncer. Obviamente, aunque mucha gente dejase de fumar, el problema era para todos aquellos que llevaban haciéndolo décadas.
Lo que podemos plantearnos es cuántas sustancias que están hoy día en nuestra dieta o en nuestros productos de limpieza o de aseo personal (incluso en nuestros muebles o ropa, que también) van a ser prohibidos en los próximos cinco, diez, veinte años.  Resulta obvio que ahora estamos pagando las consecuencias de errores e ignorancias pasadas, unas deliberadas y otras no. Si vemos esas postales que hay en algunos quioscos de anuncios de los años cincuenta y sesenta, había un bonito anuncio de una colonia de Cruz Verde "al DDT" que ahuyentaba a los insectos y combatía la caspa (años 50). ¡Cuántas niñas a las que sus madres rociaron con aquella colonia han arrojado, ya en la edad madura, significativos rastros residuales de DDT en las placentas de sus propios hijos treinta años después! 
Quizás uno de nuestros errores al pensar en este tipo de productos tóxicos sea pensar en los consumidores, sin tener en cuenta que hay otro tipo de víctimas también. ¿Qué sucede con los que trabajan, no ya en las fábricas donde se producen estas sustancias, sino en los  lugares donde se aplican (invernaderos, por ejemplo)? ¿Qué sucede cuando el agua del riego llega a los ríos? Porque, evidentemente, para aquellas personas que se meten a diario varias horas en una cajita de plástico de varios metros cuadrados en camiseta a treinta y cinco grados para manipular berzas tiene consecuencias. En El Egido (Almería) 70.000 agricultores cultivan 27.000 hectáreas de invernaderos en las que se vierten miles de toneladas de plaguicidas y cada año hay más de un millar de intoxicaciones. 
Supongamos que somos de esas personas sanas que sólo consumen "agricultura orgánica". Imaginemos que, eso sí, para evitar las consecuencias de un dudoso tratamiento de los productos cárnicos en las granjas, preferimos renunciar a pollos, cerdos y vacas y nos decantamos por esas deliciosas truchas de río como suministro de proteínas. No me refiero a las truchas de criadero, sino a una supuesta trucha pescada por el propio comensal, que ahora le ha dado por ser pescador para evitar experimentos. Más seguridad imposible, ¿verdad?
Sin embargo hay malas noticias: pesticidas y demás productos químicos con demostrados efectos nocivos sobre el sistema endocrino han sido detectados en las carpas del río Ebro, algunas de las cuales... ¡han cambiado de sexo! Hay estudios muy inquietantes sobre el intersex de los peces de nuestros ríos, así como del imposex de los moluscos en las rías gallegas. El imposex consiste en que moluscos hembra desarrollan aparatos genitales masculinos (penes y vasos deferentes). 
No es ya que estemos sometidos a una ionización de todo tipo o rodeados de toda clase de ondas y microondas que hace treinta años no existían (las wi-fi, las de nuestros móviles o los transformadores con los que cargamos sus baterías...); no es sólo que nuestra ropa, mobiliario, productos de limpieza o de higiene tengan una carga química altamente preocupante. Es que el ser humano se ha cargado su propia cadena alimentaria. Si hay algo que el ser humano está demostrándose a sí mismo, no es otra cosa que la solemne e innegable resistencia de su propio organismo ante las agresiones que se autoperpetra, que ni siquiera es natural una trucha porque está pescada en un río en el que flotan miles de millones de partículas de pesticidas. El ser humano, está claro, aguanta lo que le echen (nunca mejor dicho). 
Pero si las truchas o las carpas, merced a los pesticidas, están cambiando de sexo; si los moluscos están desarrollando hermafroditismos insólitos... ¿qué podría pasar con nosotros?
Un inquietante estudio realizado en los Estados Unidos ha revelado algo que pediatras y ginecólogos de todo el mundo ya sabían desde hacía lustros. Resulta que cada vez más y más niñas empiezan a ser mujeres con tan sólo siete u ocho años de edad, momento en el que tienen su primer periodo, se le empiezan a desarrollar los senos y les aparece el vello púbico. No es un tema baladí porque es algo que se está detectando de forma cada vez más creciente en todo el planeta, y muy especialmente en los países desarrollados. Los estudios epidemiológicos han sacado una conclusión altamente alarmante: al parecer, la clase socioeconómica es determinante para definir los casos de extremo adelanto de la pubertad. Dicho de otro modo, en la población de clase media-alta, este fenómeno es extraordinariamente raro, siendo muy común en los estratos más humildes. Obviamente, los epidemiólogos empezaron a tirar del hilo para descubrir qué factor variaba de unas familias a otras. El resultado no pudo ser más descorazonador: la calidad de la alimentación. No es lo mismo comprar carne más barata que adquirirla a mayor precio, no es lo mismo alimentarse de una determinada forma que hacerlo de otra. La alimentación es lo que está haciendo, literalmente, mutar a las niñas.
¿Pues qué es lo que lleva esa alimentación? 
Aquí es donde entramos en el fascinante mundo de las hormonas en la carne: los tiroestáticos, unas hormonas que afectaban a la glándula tiroides del ganado para provocar un crecimiento anormal de las reses con algo que muchas amas de casa habrán visto: esos filetes maravillosos que echábamos en la sartén y no paraban de soltar agua con espumilla de sospechoso olor a orina mientras menguaban alarmantemente. Al fin y al cabo, los tiroestáticos lo que hacen es que una cantidad absolutamente anormal de líquido se fije en la carne; lo que toda la vida se ha llamado "retención de líquidos" es lo que el tiroestático le produce a la vaca en todo el cuerpo. 
No teman. Los tiroestáticos están prohibidos.
Ahora a las reses se les da clembuterol. Los ciclistas conocen muy bien el clembuterol de las reses porque saben mejor que nadie que si comen mucha carne durante las competiciones pueden dar positivo en los controles de dopaje. El clembuterol es un anabolizante, una hormona para generar masa muscular de forma artificial, y tiene un peligro: su toxicidad para el hígado. Obviamente, la toxicidad del hígado en el ganado nos da bastante igual (a no ser que nos guste la casquería, claro) porque las reses son sacrificadas para alimentarnos. El problema es saber si el clembuterol que nosotros vamos ingiriendo con las hamburguesas y los solomillos también es hepatotóxico o no. En cualquier caso, la acumulación en el hígado es mayor, por lo que, antes de comprar una pieza de hígado hay que asegurarse muy mucho de que la res en cuestión no practicase halterofilia en la granja.
Investigando por qué se permite esto de las hormonas en las carnes, encontramos una razón de estado altamente preocupante. La carne para nuestros abuelos era un lujo, pero a día de hoy es un alimento más porque ha bajado mucho de precio y está al alcance de casi todas las clases sociales, lo que hace que se haya convertido en una parte fundamental de la dieta y, al formar parte integrante de nuestra cesta de la compra, sirve para calcular el Índice de Precios al Consumo (IPC). Sabido es que el IPC influye en los salarios que cobramos, impuestos y cantidad de otros factores macroeconómicos. Un incremento del precio de la carne que fuera asociado a los costes de producción y que sin duda nos daría una carne mucho más sana, aumentaría el IPC sensiblemente. Las consecuencias macroeconómicas serían devastadoras: las empresas tendrían que subir los salarios, el Estado los sueldos de los funcionarios y las pensiones, así como proveer mayor cantidad de dinero para la Seguridad Social y los medicamentos, etc... todo ello de forma proporcional. Así que podemos ver que existe una razón de Estado para permitir que las carnes, so condición de que se mantengan en su precio o bajen, sean adulteradas con anabolizantes.
A veces uno se pregunta qué diferencia habría entre una analítica de sangre de un individuo de hace cien años y la propia. ¿En qué momento comenzamos a desligarnos de la Naturaleza? Hay que alimentar a toda la gente porque toda la gente tiene derecho a comer pero... ¿a qué precio? Antes comía todo el mundo, pero no todas las cosas. ¿Cuál es el verdadero precio que estamos dispuestos a pagar para que toda la gente pruebe de todo?
Pero puestos a ver cosas que no son naturales... ¿qué pasa con los animales transgénicos?
La FDA americana está teniendo un debate importantísimo para autorizar la venta de carne de salmón transgénica. En los salmones transgénicos ya no todos sus cromosomas son de salmón. Es un híbrido con genes de otra especie con un determinado fin. La porción que se ha cambiado es muy pequeñita; el animal sigue teniendo aspecto de salmón. Pero el transgénico es un salmón que coge el doble de tamaño en la mitad de tiempo. Lo que la FDA está debatiendo es si el salmón va a ser inocuo o no para el consumo humano, pero hay un peligro en el que las autoridades sanitarias no están pensando y que sin embargo no es baladí. Este salmón transgénico está pensado para ser criado en piscifactorías pero, ¿qué sucedería si un par de ejemplares se escaparan y entrasen a formar parte del ecosistema? Pues está calculado: en cuarenta generaciones acabarían con los salmones naturales: la especie mutante o mutada sustituiría en ese lapso a la de toda la vida. Son tan eficaces, se hacen tan grandes tan rápido, se multiplican con tal efectividad, que los depredadores les afectarían menos al acortarse el período de vulnerabilidad larvario y tienen más tiempo de edad adulta en el que están consumiendo alimentos del ecosistema.
¿Hablamos más adelante del panga, el fletán y de las gambas ultracongeladas del hipermercado? ¿del gas que se emplea para la maduración de las frutas durante su transporte hasta los mercados mayoristas ¿del sulfito con el que tiñen la carne de vacuno en determinados países? 

viernes, 19 de febrero de 2016

CONTROL DE IDEAS Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN UNA CATETOCRACIA


El himno de la República Democrática Alemana se llamaba "Renaciendo entre las ruinas". Y si bien ambas Alemanias han terminado poco más o menos por renacer de las cenizas, con el alguacilazgo de mandarines de la moneda única (léase Kohl) y walkirias claustrales (ya sabemos a quién me refiero), la Oriental cayó en la más absoluta ruina moral y ética.
En 1950 se creó la Stasi (Ministerio de Seguridad del Estado), posiblemente el órgano represivo más eficaz, duro y despiadado de todos los tiempos. Un órgano que duró 40 años. El 9 de noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín, pero la Stasi no desapareció hasta el año siguiente.
La Stasi sabía qué marca de tabaco fumaba cada ciudadano de la RDA, cuál era su comida favorita, quiénes eran sus amigos y sus enemigos, sus gustos sexuales... y todo ello porque había una red de amigos, familiares, vecinos, encargados de informar puntualmente al ministerio (los llamados IM o Colaboradores Confidenciales). Sumaban 300.000 (uno por cada cincuenta alemanes del Este); se dedicaban a pasar puntualmente, día a día, semana tras semana, informes sobre sus compañeros de trabajo, vecinos, familiares, amigos. Todos esos informes se tabulaban en la sede del ministerio.
Cada ciudadano tenía su expediente, que en caso de ser necesario, estaba a disposición de los funcionarios gubernamentales. Así, cada ciudadano fue clasificado en función de sus gustos, preferencias políticas o sexuales, culto, cultura, aficiones, etc... Incluso, cuando la policía llamaba a los ciudadanos a un interrogatorio, los sentaba en asientos sobre los cuales eran depositados unos trapos húmedos que "capturaban" el olor corporal de las personas por si era necesario utilizar a los perros para perseguirlos.
Afortunadamente esos tiempos han pasado y ahora nadie puede clasificar a nadie con tanta facilidad, si hacemos la salvedad de Internet, claro, y el rastro que dejamos en nuestras navegaciones por el ciberespacio así como esos tests simpáticos que nos proponen averiguar lúdicamente qué princesa Disney somos o qué personaje de Juego de Tronos nos corresponde. Sin duda, y como decía la zarzuela, hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, y ya no es necesario amedrentar al ciudadano ni hacer que se sienta sometido a una dictadura para conocer absolutamente todo sobre él o ella. Llegado el caso, arribado el momento, grandes bases de datos, altotecnológicas siempre al servicio de esos depredadores disfrazados de demócratas y sus generales, harán con un "click" su trabajo para reprimirnos, exterminarnos, reclutarnos o someternos. Ya no hace falta meternos miedo para que agachemos la cabeza (la llevamos agachada a diario con el smartphone). Tampoco es preciso amenazarnos para que delatemos a nadie (sobra con facilitarnos el acceso a internet, pues nuestro egocentrismo y vanidad hará el resto). Ya no hay tarros ni estanterías kilométricas. Tampoco opinión (creemos que opinamos, pero otros ya decidieron por nosotros el punto de vista que debemos adoptar). Hemos llegado a los mundos temidos/imaginados por Huxley, Orwell, Bradbury y otros... que temían (fíjate tú) la amenaza del nazismo y el comunismo. Bueno, pues ahora resulta que no eran necesarios. Con el "panem et circenses" romano sobraba: sólo había que adaptarlo a los tiempos. Por eso debemos desconfiar de aquellos que quieren ayudar a formar gobiernos y, tras haber clamado por determinada estandartología social, ahora andan pidiendo ministerios insólitos. ¿El ministerio del tiempo, quizás? Ayayayayayyyyyyyyy
Nota: podéis visitar el museo de la Stasi en la calle de los Normandos de Berlín si tenéis ocasión. Tras sus muros hay 180 kilómetros de expedientes de ciudadanos de la antigua RDA.