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miércoles, 24 de junio de 2015

LOS ORIGENES DE LA NOVELA MODERNA

La novela aparece como última manifestación de todas las literaturas, después del período de epopeya, de la poesía lírica, del drama, como resumen de todas ellas.  Pero aunque sea esto la novela, no impide que, como manifestación primera, haya aparecido antes de la formación de los pueblos, apenas aparecida la Humanidad, antes de inventada la escritura y antes de perfeccionado el idioma.  El hombre en sus propios albores llevaba ya en el cerebro la novela.
La imaginación, el poder creador del género humano para hacer surgir de la nada imágenes que agradan, recrean y entretienen, lleva con nosotros desde siempre. La imaginación necesita alimento, como lo necesita el cuerpo. Cuando ella no se alimenta caemos en las horas negras del aburrimiento. Yo tengo la casi certeza de que el hombre de la prehistoria ya inclinaba la cabeza, cuando niño, en el regazo de la madre, pidiendo que le constase un cuento antes de dormir.  Imagino a los adultos de hace 35.000 o más años reunidos junto al fuego nocturno, matando las largas horas contando cuentos y relatos de sus combates, de sus encuentros con animales fabulosos e inventando leyendas.
Los pueblos de Oriente, de tan exaltada imaginación, convertían en cuento todo cuanto tocaban sin necesidad de ser recordados. Los indostánicos demostraron ser muy imaginativos cuando tuvieron que legislar y crear sus grandes poemas sagrados con mitos, dioses y mitologías, que no eran otra cosa que novelas.  Y ese afán de lo maravilloso de persas, asirios, babilonios y judíos se nota en los orígenes del cristianismo, porque su primera propaganda, recordemos, fue hecha entre orientales, por personas de exagerada imaginación.
Los pueblos de más tradición siempre han sido los más imaginativos, los más aptos para la creación; y al extender Grecia y Roma su influencia por Europa, la literatura reviste formas luminosas; nace lo que hemos dado en llamar clasicismo.  Pero la novela no adquirió verdadera importancia sino entre los pueblos orientales.
Parto de la premisa -y puedo estar equivocado- de que la novela moderna necesita de dos elementos primordiales para su existencia: el amor y el hogar. Ha menester del ambiente de la familia, con todas sus intimidades y todas sus grandezas. Y la antigua sociedad grecolatina, en otros conceptos grandiosa, no lo era para la novela, porque en realidad no había familia, los ciudadanos pasaban el tiempo en el ágora murmurando de los magistrados, la mujer quedaba olvidada en su casa, sin participación en la vida pública de aquellas sociedades.  Se comprende, pues, que no existiera la novela tal cual la entendemos.  Acepto que los griegos nos han legado en este género las Fábulas Milesias y los romanos el Satiricón de Petronio, la Metamorfosis, de Ovidio y El asno de oro, de Apuleyo, que es apenas una transcripción de los diálogos de Lucrecio.  Pero no podemos considerar a tales obras como novelas.
Cuando el cristianismo modificó la constitución de las antiguas sociedades, cuando se formó en verdad la familia, cuando la mujer tomó relevancia -más de la que creemos para la época- adquiriendo personalidad, entonces y solo entonces, empezó a aparecer la novela como origen del género literario que ahora con ese nombre conocemos.
Apareció con los libros de caballería, precedida por dos obras tendentes a la verdadera novela: la Historia etiópica, en que el obispo Heliodoro describe los amores de Teógenes y Clerisandra, y otra de un autor desconocido, que según se cree nació en Bizancio, quien escribió Dafne y Cloe.  La obra de Heliodoro fue modelo para Cervantes, quien la usó de referente en su Persiles y Segismunda.
Vino con la Edad Media el florecimiento de la novela, que había empezado por el romance, cantado por los trovadores de castillo en castillo, de ciudad en ciudad y de aldea en aldea.  La prueba de que el romance es padre de la novela está en que ésta conserva aquel nombre en varias literaturas, como la de Francia e Italia, donde recibe el nombre de romance y romanzo, respectivamente.
Pero fue Cervantes quien impuso la palabra novela, que no clasifica con precisión este género, pues "novela" es un cuento largo, de manera que cuando ésta es más amplia que un cuento extenso debe llamarse romance.
En España hubo una influencia literaria que dejó hondas huellas.  La colosal maravilla de las Mil y una Noches, a cuya autoría contribuyó todo un pueblo, es el más brillante exponente de la fantasía islámica. Y era la España de la Edad Media como una carretera del mundo por donde afluían todos los hombres y que vio reunidos en su seno lo que quedaba del celtiberismo, la romanidad, los godos, los árabes y los hebreos.  Y esto explica los caracteres diversos y las múltiples aptitudes del pueblo español, en que predominaban libremente las virtudes guerreras. En España, la imaginación exaltada de los árabes, unida al profundo misticismo judío, influyó en la literatura creando libros que obtuvieron difusión por toda Europa: los antedichos libros de caballería. Fue en España, lugar de combate de cristianos y moros, abierto durante siete siglos, donde vinieron a encontrarse y a chocar las dos corrientes literarias, a saber: el romance heroico del cristianismo septentrional y la producción imaginativa de los poetas y guerreros semitas del islam. El Amadís de Gaula y todas sus innumerables imitaciones, que tanto abusaban de la literatura sobrehumana y de las extravagancias imaginativas, hizo necesaria una reacción.  Y esta reacción produjo la primera, la más grande y la más inmortal de todas las novelas modernas: Don Quijote de la Mancha.  Con ella Cervantes, contemporáneo de Shakespeare, se adelantó en varios siglos a los autores de otros países abriendo las puertas de un nuevo género.
Don Quijote de la Mancha es algo más que un libro célebre, está más allá de lo que llamamos literatura: es la vida eternizada en palabras.  El gran secreto del genio estriba en la condensación, en producir una obra que sea el símbolo de una fase de la vida o de la vida entera.  En esto Cervantes descuella por encima de todos los genios literarios.  Su libro es simplemente la síntesis de la vida completa.  Ha creado a Don Quijote, ha creado a Sancho Panza, y después de esto nos deja clarísimo que no hay nada más.  Cualquier novela posterior siempre tendrá, incluso sin saberlo, el referente de ese dualismo preclaro y absoluto.  Otro día hablaremos de ello.

sábado, 20 de junio de 2015

¿HASTA DÓNDE PUEDE CONDUCIR UN CRASO ERROR?

En el año 55 a. C. tres eran os hombres que ser repartían el control de Roma: Pompeyo, César y Craso.  César se hallaba ocupado con la conquista de la Galia. Pompeyo había anexionado Siria, tomando Jerusalén y acordado un tratado de paz con el imperio parto.
Craso, sin embargo, a pesar de ser el tercer miembro del triunvirato y el más rico de los tres, tenía que hacer méritos políticos y decidió que su deber como patriota consistía en conquistar a los partos, hacerse con su oro y someter su vasto imperio bárbaro al control de Roma.
El origen de la fortuna de Craso provenía del fuego. Roma era una ciudad de edificios de madera y los incendios eran comunes. Craso tenía esclavos profesionales de la construcción y la arquitectura, y cuando en la abarrotada ciudad (que rondaba el millón de habitantes) ardían los edificios, él acudía apresuradamente y adquiría los inmuebles en llamas y las manzanas adyacentes, que estaban a punto de ser pasto del fuego. Lo conseguía todo a precios irrisorios, y de este modo terminó siendo propietario de la mayor parte de la urbe.
Los partos descubrieron que corrían el peligro de sufrir una invasión inminente sin que hubiese existido provocación previa alguna ni se hubiera quebrantado ninguna cláusula del tratado que habían establecido con Pompeyo. Sabían que se les venía encima un ejército formidable comandado por Craso: aproximadamente 40.000 hombres (siete legiones junto con sus tropas auxiliares). Craso había dedicado todo un año a obtener el dinero en metálico de algunas ciudades del sur de Turquía y había obtenido el apoyo voluntario de Artabaces, rey de Armenia, quien le ofreció cooperar en su campaña con seis mil soldados de caballería y concederle paso franco por su reino.  Pero Craso desconfiaba de Artabaces y decidió rechazar la oferta del armenio y alcanzar su objetivo a través de Mesopotamia. Indicó a Artabaces que su labor consistiría en bloquear el avance parto. Artabaces respondió que sería un placer cumplir con su encargo.
Poco después, Artabaces recibió la visita de un huésped que llegaba acompañado de un ejército realmente grande.  Orodes II, el rey de reyes parto, se había presentado en su corte con la intención de celebrar un trascendental banquete y de concertar un matrimonio entre su hermana y el hijo de Artabaces.
Obviamente Craso vio confirmadas sus sospechas de que Artabaces no era un aliado excesivamente fiable.  Es por ello que después de que las fuerzas romanas hubieran soportado una larga marcha a través de un árido desierto, llegó un mensajero del rey armenio y, con el clásico lenguaje de la diplomacia, le dijo: "Ops, lo siento".  Añadió que sería mejor que los romanos no siguieran avanzando.
Craso hizo caso omiso de la advertencia y continuo en dirección a la ciudad amurallada de Harran o Harranu, situada al oeste de Turquía en la que, según la Biblia (que la llama Jarán; Génesis, 12, 4) había nacido nada menos que Abraham.  Harran se encontraba en el cruce de la carretera de Damasco con la de Nínive, había sido capital de Asiria en el siglo VII a. C. y era un punto clave de las caravanas comerciales.  Los romanos la llamaron Carras, y no tenían la menor idea de dónde se encontraban cuando se dirigían a ella. Les había conducido allí el aplomo descabellado de Craso y un guía no muy apropiado.
Mientras Craso y sus hombres desfilaban por la llanura de Harran, vieron ante sí a unos diez mil arqueros a caballo. La cifra equivalía  poco más de la cuarta parte de sus propias fuerzas y como Craso contaba también con su propia caballería -jinetes del sur de la Galia- no se preocupó demasiado
El general parto Surena era un caudillo que se desplazaba cono mil camellos de carga, doscientos carros para su harén, una guardia personal compuesta por mil hombres armados hasta los dientes y varios miles más provistos de pertrechos más ligeros, así como un séquito de diez mil jinetes. Y eso únicamente para una visita en son de paz.  Pero en Harran sus intenciones eran de todo menos pacíficas.
Surena mantuvo ocultos la mayor parte de sus efectivos y los romanos avanzaron confiadamente hacia la boca del lobo.
Los arqueros de la caballería parta revelaron ser muy distintos a los de cualquier otro ejército que los romanos hubieran conocido hasta entonces. En lugar de ir armados con simples arcos de madera, utilizaban dobles arcos recorvos de alta tecnología, fabricados con láminas superpuestas de madera, asta y tendones. El alcance máximo de sus armas era de 275 metros, y a 130 metros ya podían traspasar limpiamente las armaduras y escudos romanos.
Cuando Surena dio rienda suelta a su caballería pesada, que se había mantenido camuflada bajo mantos y pieles de animales, ser armó la marimorena.  Al arrancarse las envolturas que los cubrían, los romanos se vieron inmersos en un ataque inaudito para ellos, lanzado por un tipo de enemigo completamente nuevo, mas parecido a los caballeros medievales que a cualquier otra cosa que hubiera conocido el mundo clásico. Miles de jinetes fuertemente armados, protegidos por igual montura y caballero, se precipitaron sobre los desconcertados soldados de a pie italianos haciendo una escabechina entre ellos. Penetraron con gran destrozo entre las filas de las legiones de infantería y después se replegaron y dejaron que la caballería romana, capitaneada por el hijo de Craso, persiguiera a sus arqueros.
Entonces sobrevino la horrible sorpresa.  Los romanos que corrían tras los arqueros descubrieron que aquellos hombres podían disparar hacia atrás con tanta potencia y precisión como si cabalgasen de frente al enemigo. Los caballeros partos rodearon a sus perseguidores e hicieron una espléndida carnicería con ellos. 
Craso pensó que los persas se habrían quedado ya sin flechas, pero cometía un nuevo error. Al tratar de avanzar con el resto de sus fuerzas fue asaeteado y hecho picadillo. Al ordenar a sus hombres que se lanzaran a la carga, fueron diezmados sin dificultad. Incluso uno de los caballeros partos hizo caracolear su caballo delante del mismísimo Craso para enseñarle un trofeo: la cabeza de su hijo hincada en la punta de su lanza.
En aquella batalla murieron unos treinta mil legionarios y los diez mil restantes fueron hechos prisioneros y deportados al Asia central. Las águilas de las siete legiones romanas terminaron en los templos partos.  Apenas quinientos romanos lograrían regresar sanos y salvos a casa.  Acababa de dar comienzo una guerra que duraría la friolera de 600 años.  Pero de eso hablaremos en otra ocasión. Prosigamos con la anécdota.
Cuando la noticia de la victoria obtenida sobre Craso y sus legiones llegó a oídos de los dos jefes bárbaros, Artabaces y Orodes II, éstos se hallaban absortos con la conmovedora declamación de Las Bacantes de Eurípides, que protagonizaba una de las estrellas teatrales de la época: un actor llamado Jasón.
Estaba la audiencia aplaudiendo a Jasón, que hacía el papel de Penteo, cuando se presentó de improviso el lugarteniente de Surena, recién llegado del campo de batalla.  Llegó apresuradamente hasta los soberanos con la cabeza de Craso en la mano, la arrojó al suelo y se postró ante sus señores. Jasón tomó inmediatamente el trofeo, se despojó del atuendo de Penteo y se transformó en Ágave, la enloquecida y criminal madre de Penteo, a la que encarna en el momento en que se presenta en palacio con el desmembrado cuerpo de su hijo en brazos.

Traemos a palacio, de la montaña, un zarcillo recién cortado. Una hermosa presa.

Todo el mundo conocía la escena (no eran tan bárbaros los bárbaros). Y todo el mundo sabía lo que venía a continuación: la exclamación del coro:

¿Quién lo ha cortado?

Y en ese momento uno de los soldados que acababan de llegar se adelantó, cogió la cabeza que Jasón sostenía entre las manos, la levantó en vilo y respondió a las palabras de Ágave, que consumaban el desenlace de la escena: "He sido yo". Y era cierto.

Para mayor cachondeo sobre los vencidos, los partos representaron una parodia de los triunfos que solían hacer los romanos en su capital.  Se eligió como escenario el puerto de Seleucia, cerca de Antioquía.  Tras coger al prisionero que mayor parecido guardaba con el general derrotado, se le vistió de mujer y se le ordenó que respondiera al nombre de Craso y al título de Imperator.  Fue subido a un caballo y sacado en procesión. Como en los auténticos triunfos había trompeteros y funcionarios (los lictores) que portaban los símbolos de la autoridad de Roma: los fasces.  El falso Craso también contó con trompeteros, pero sus lictores cabalgaban a lomos de camellos, de sus fasces pendían bolsas y hachas con las cabezas cortadas de varios romanos.  Las últimas filas de la procesión estaban compuestas por prostitutas y músicos que entonaban canciones calumniosas y satíricas en las que se hablaba del afeminamiento y la cobardía de Craso.   Pero la mayor humillación se produjo al mostrar Surena al Senado de Seleucia la colección de objetos pornográficos hallados entre la impedimenta de uno de los generales de Craso, lo que sirvió a Surena de excusa para arrojar sobre los romanos una gran cantidad de ultrajantes afirmaciones que les ridiculizaban, dado que no eran capaces, ni siquiera cuando partían para la guerra, de prescindir de tales temas: "¡Vaya un atajo de gilipollas!", vino a decir.
Diez mil prisioneros romanos se desvanecieron en la inmensidad del imperio parto. Algunos terminaron en lo que hoy es Turkmenistán, donde se establecieron y se unieron a las fuerzas allí destinadas para la defensa de la frontera.
La historia china consigna que dos generales al mando de una importante expedición que recorría esa zona toparon con un extraño ejército en una ciudad situada a ochocientos kilómetros al este de Margiana. Dicha fuerza militar contaba con una plaza fuerte constituida por una doble empalizada de enormes troncos, y cuando los soldados hacían la instrucción disponían sus largos escudos de tal manera que formaban una pantalla defensiva que presentaba el aspecto de las escamas de un pez.  La empalizada era un género de fortificación característicamente romano y el único pueblo del siglo I que utilizaba escudos de esa clase, que hacía ese tipo de instrucción y que organizaba defensas de troncos como aquellas era el romano.
Volvieron a perder, claro está.  Los que sobrevivieron fueron conducidos a China y acomodados en un puesto fronterizo cuyo nombre original se cambió por Lijian.  Los historiadores se han preguntado, perplejos, si aquellas personas podían ser realmente soldados romanos, y se han escrito sesudos artículos que sugieren que los caracteres chinos de la palabra "Lijian" representan una palabra que significa Roma o Alejandría.  Quizá se hayan estado fijando en la lengua que no era,  ya que lijian es una palabra mongola que significa "legión".
Y es que uno nunca sabe hasta dónde puede conducir un craso error...

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LOS EXTRATERRESTRES, EL ÁREA 51 Y LA NAVAJA DE OCKHAM (SEGUNDA PARTE)

Para entrar en el Área 51 hace falta una acreditación de alta seguridad y una invitación del más alto nivel. Sin embargo, no siempre fue así. El Área 51 no tuvo nada que ver en sus orígenes con el ejército de los Estados Unidos, sino con sus servicios secretos. No lejos de allí (de hecho, muy cerca) tuvieron lugar las primeras pruebas nucleares del Proyecto Manhattan (en el área 13, para ser más exactos).
¿Qué pasó en Roswell? Stanton Friedman, un septuagenario físico nuclear experto en OVNIS lo explicó muy claramente en 1978.
En julio de 1947, en mitad de una enorme tormenta eléctrica, algo se estrelló en un rancho de Nuevo México a las afueras de Roswell. El propietario de la finca se llamaba W.W. Brazel y había sido un famoso vaquero en su juventud. Brazel notificó al Sheriff local, un tal George Wilcox, que había encontrado unos "curiosos" escombros caídos del cielo. El Sheriff notificó a las Fuerzas Armadas el suceso y éstas se lo reportaron al comandante del grupo 509 de bombarderos. Un oficial de inteligencia, el mayor Jesse Marcel y su jefe de prensa, Walter Haut, se trasladaron de inmediato a la zona. Poco después, Frank Joyce, un joven periodista de la KGFL de Roswell que trabajaba para la United Press International recibió una llamada de la Fuerza Aérea. Se trataba de una nota de prensa que debía ser emitida en nombre de Walter Haut. Y así apareció en el San Francisco Chronicle el 8 de julio de 1947 (al día siguiente):

"Los rumores sobre un disco volador se volvieron realidad ayer cuando la Oficina de Inteligencia del Grupo de Bombarderos 509 de la Octava comandancia de la Fuerza Aérea, sita en el área de Roswell tuvo la suerte de capturar un disco volante gracias a la cooperación de unos rancheros locales y a la colaboración de la oficina del Sheriff del condado de Chaves. El objeto volador se estrelló en un rancho cercano a Roswell la pasada semana. Al no tener medios telefónicos, el ranchero almacenó el disco hasta que pudo contactar con la oficina del Sheriff, quien se lo notificó al Mayor Jesse A. Marcel, del 509 batallón del Grupo de Bombarderos. El disco fue convenientemente retirado de la antedicha finca e inspeccionado por las autoridades competentes".

Curiosamente (y he ahí la base del misterio), a las pocas horas Walter Haut recibió en la KGFL una segunda nota de prensa que rectificaba a la anterior: lo que se había estrellado en Roswell no era otra cosa que un globo meteorológico. Se adjuntaban fotografías del Mayor Jesse Marcel posando junto a él a modo de prueba gráfica. Y la historia decayó. De hecho, nadie volvió a hablar del tema en los siguientes 30 años, cuando un tal Bob Lazar contó una estrafalaria historia sobre platillos volantes y alienígenas que él mismo había visto en la base ultra secreta. Lazar afirmaba que había sido contratado para trabajar en el área restringida 51 porque su invento de ponerle un motor a reacción a un vehículo convencional había despertado el interés de las autoridades al cargo de la base. Una historia inconsistente que él mismo se encargó de reforzar afirmando que poseía una formación académica que jamás pudo acreditar. Los conspiranoicos, no obstante, afirman que el historial académico de Lazar "fue borrado" por la CIA como castigo a sus filtraciones. De nuevo tendremos que tirar de la navaja de Ockham para decidir qué historia es la verdadera, si la que podéis encontrar en miles de páginas y tutoriales de Youtube o la que expongo aquí, basada en documentos desclasificados entre 1980 y 2008.
Y es que lo que ocurrió en Roswell, Nuevo México, en las dos primeras semanas de 1947 fue algo mucho más importante que la caída de un globo meteorológico y mucho más siniestro que una nave extraterrestre pilotada por alienígenas. Numerosos testigos vieron cómo la policía militar apareció con enormes camiones. Incluso se dice que la funeraria local recibió una solicitud de  varios ataúdes "de niño" que pudiesen ser herméticamente sellados.
La inmensa mayoría de las historias de los 62 testigos reconocidos del hecho tienen dos cosas en común: la primera, que hubo más de un lugar de impacto y que un artefacto discoidal estaba involucrado en él. La segunda afirma que vieron cuerpos humanoides de tamaño infantil que, presuntamente, habrían salido del interior de/de los discos volantes. Pero nada de todo esto fue conocido en realidad hasta 1980, cuando se publicó el libro El incidente Roswell. En 1986, un total de 92 personas fueron contabilizadas como auténticos testigos de lo que había sucedido allí en 1947. ¿Auténticos?
En la primera semana de 1947 ingenieros del Signal Corps de los Estados Unidos siguieron el rastro de dos objetos de incuestionable capacidad aeronáutica que habían sobrevolado el sur de los Estados Unidos. Lo extraordinario era que, a pesar de que se desplazaban de una forma convencional, también eran capaces de flotar en el aire antes de proseguir su camino. Este tipo de tecnología estaba muy lejos de las capacidades aerodinámicas de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos en el verano de 1947. El caso es que los radares no mentían y que ofrecían datos muy claros y precisos de artilugios que invadían el espacio aéreo norteamericano de un modo muy singular y continuado.
La base aérea de Kirtland, al norte del campo de pruebas de White Sands, detectó un objeto volador en sus proximidades. El comandante en jefe no dudó en ordenar que el condecorado piloto de la II Guerra Mundial, Kenny Chandler, saliese con un caza para interceptarlo. Desafortunadamente, Chandler no llegó a localizar el objeto, pero pronto supieron que uno de aquellos aparatos se había estrellado cerca de Roswell, Nuevo México. Inmediatamente, las autoridades se desplazaron al lugar para acordonar la zona y retirar los restos, entre los cuales, además del fuselaje hallaron piezas destruidas del motor.
Pero lo que encontraron distaba mucho de ser una aeronave convencional. El vehículo carecía de cola. Tampoco tenía alas. Su fuselaje era circular con un pequeño promontorio en la parte superior a modo de cabina. Según los documentos desclasificados en 1994, se determinó que era un "disco volante". Pero lo más alarmante fue el hecho de que en su interior, en torno a determinadas piezas de control circulares, había grabadas palabras... ¡en alfabeto cirílico!
En un momento históricamente crítico, los militares americanos vieron que se estaban cumpliendo sus peores temores: los rusos tenían en su poder a ingenieros alemanes más eficaces que Ernst Steinhoff o Wernher Von Braun. Recordemos que, tras el final de la II Guerra Mundial, ambas potencias dedicaron no pocos esfuerzos y recursos para capturar a los ingenieros aeroespaciales que habían trabajado para la Luftwaffe. Resultaba evidente que los rusos no podían haber fabricado aquel aparato por su cuenta, dado que durante el conflicto bélico la mayoría de las armas y científicos rusos habían sido diezmados (el país había perdido a más de veinte millones de personas en la guerra). Para más inri, muchos científicos soviéticos habían sido deportados a gulags por no cubrir las dementes expectativas de Stalin. Ciertamente, los rusos, al igual que los americanos, los británicos o los franceses, habían "reciclado" a los más brillantes científicos de Hitler como botín de guerra para utilizarlos en beneficio propio durante la construcción del nuevo orden mundial que emergería de aquel conflicto.
Y ahora resultaba que, en julio de 1947, el líder del Soviet Supremo se las había arreglado para violar el espacio aéreo americano por la frontera de Alaska, sobrevolar las áreas militares más sensibles del oeste del país... y todo ello con una tecnología que era absolutamente desconocida para los estadounidenses.
Aquello fue una violación de la seguridad nacional tan clamorosa que dejó en evidencia la incapacidad de los Estados Unidos de poder reaccionar a tiempo y defenderse ante un posible ataque rojo sobre su territorio (hasta la fecha, todas las guerras libradas o lideradas por los americanos siempre habían tenido lugar fuera del país). Es por ello que los más altos mandos de la inteligencia militar decidieron tomar cartas en el asunto. Lo primero que hicieron fue emitir una segunda nota de prensa en la que se declaraba que el objeto caído en Roswell había sido un globo meteorológico (los globos meteorológicos fueron un recurso muy utilizado para encubrir pruebas secretas a partir de entonces).
Los temores eran fundados: los rusos habían demostrado su capacidad de engañar a los radares de Defensa y penetrar en el espacio aéreo estadounidense. De ahí a poder bombardear los Estados Unidos había un paso. Recordemos que en 1947 los americanos consideraban que tenían el monopolio de la bomba atómica. No obstante no se podía pasar por alto que ya en 1942, Hermann Göring, el comandante en jefe de la Luftwaffe, había creado un consejo de físicos nucleares encargado de desarrollar un arma devastadora que sería transportada a territorio americano en un avión llamado Amerika Bomber para atacar concretamente la ciudad de Nueva York.
El organismo que precedió a la CIA, llamado por entonces Grupo de Inteligencia Central, no sabía aún que un espía llamado Klaus Fuchs se había infiltrado en el Laboratorio Nacional de Los Álamos y había robado para Stalin los planos de la bomba atómica. También desconocía que en realidad los rusos estaban a dos años de comenzar sus primeras pruebas nucleares. Es por ello que se preguntaban, no sin razón, si los rusos ya poseían el arma y estaban preparando un ataque devastador sobre suelo norteamericano.
El OVNI ruso caído en Roswell era, pues, un motivo de grandísima alarma. El hecho de que el espacio aéreo de Nuevo México hubiese sido violado resultaba altamente inquietante. Esta región contenía los emplazamientos más sensibles del ejército norteamericano: el campo de misiles de White Sands era el hogar de los más clasificados experimentos armamentísticos; no lejos de allí se encontraba el Laboratorio de Los Álamos, donde los científicos habían desarrollado la bomba atómica; en las afueras de Albuquerque, en la base Sandia, se ensamblaban los artefactos nucleares que eran testados en el Área 13 y a 70 kilómetros al sudoeste, en la base aérea de Roswell se encontraba el 509 Escuadrón de Bombarderos (los únicos capaces de transportar bombas atómicas como las de Hiroshima o Nagasaki).
Así pues, las cosas pasaron de complicadas a críticas. Von Braun y Ernst Steinhoff, así como otros científicos alemanes que trabajaban en el campo de pruebas de cohetes de Juárez, fueron llamados a consultas. Había que saber de dónde provenía esa tecnología. Y así nació el proyecto llamado Operación Harass (cuyos detalles y pormenores fueron desclasificados en 1994). En primer lugar se identificó a los posibles responsables de la fabricación de aquellos artefactos: se trataba de dos ingenieros aeronáuticos de élite del III Reich llamados Walter y Reimar Horten. Los servicios de Inteligencia confirmaron que aquellos sujetos estaban trabajando para Stalin. Se decidió que había que capturarlos a cualquier precio.
Los hermanos Horten (en la imagen) eran dos ingenieros aeroespaciales que habían inventado para Hitler curiosísimos aparatos voladores, como el Horten 229 o Horten IX, un aparato con forma de media luna, sin timón de cola, que había sido desarrollado en Baden Baden durante la guerra. Tal vez los Horten no estuviesen en manos de Stalin, pero sí que entraba dentro de lo posible que los rusos hubiesen tenido acceso a los planos de sus trabajos.
El caso es que el disco volador que se había estrellado en Roswell contaba con una tecnología mucho más avanzada que la de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos y eso era intolerable. ¿Qué hacía que aquel aparato pudiese volar tan deprisa? ¿Cómo podía engañar al radar? ¿Volando lo suficientemente bajo, quizás? ¿Cómo podían detenerse y flotar en mitad del aire para luego seguir avanzando a una velocidad de vértigo? Y, sobre todo, ¿cómo era posible que fuesen guiados por control remoto?
En efecto: el objeto discoidal caído en Roswell no iba tripulado. Se me preguntará entonces el por qué del encargo de ataúdes infantiles a una funeraria local. De nuevo hay que tirar de la navaja de Ockham: ese detalle se conoció a finales de 1980 cuando el presunto ingeniero Bob Lazar levantó la liebre conspiranoica en torno al Área 51. La explicación admitida es que en el aparato viajaban varios marcianos. Sin embargo el sentido común nos dice que algo influiría en el tema el afán de protagonismo de muchos personajes que surgieron como champiñones para "sacar tajada" de la moda alienígena (sobra decir que los alrededores del Área 51 son actualmente a los OVNIS lo que las inmediaciones del Lago Ness al monstruo dichoso (museos, tiendas de souvenirs, cursos, libros... ¡de todo!). Es por ello que uno supone que la leyenda se ha visto engrosada con el paso de los años al retroalimentarse de sí misma para no perder vigencia.
Para explicar el tema de la nave pilotada en 1947 por control remoto tendríamos que hablar de los drones: esos aparatos que hoy en día son tan comunes y ultramodernos y que nos parecen el non plus ultra de los avances tecnológicos puestos al servicio del ejército y de la sociedad. Bien, lo cierto es que los drones ya estaban inventados en 1950 y que el control remoto es tan remoto en realidad como su inventor, Nikola Tesla.
Pero este tema lo trataremos en la tercera parte, si os parece.

viernes, 19 de junio de 2015

UNA INJUSTICIA LABORAL

Llega a mi conocimiento un caso que merece la pena ser denunciado. Por su gravedad, transcribo las palabras del abogado de la víctima:

"Una chica que trabaja en un establecimiento de ultramarinos muy conocido en Murcia, la cual no fue dada de alta en la Seguridad Social, tuvo un accidente laboral levantando cajas de embutidos a resultas del cual se rompió la espalda.
Cuando fue a la mutua de su empleador le asistieron dos veces y al final le dijeron que no volviese más porque no estaba dada de alta en la Seguridad Social. Añadieron que probablemente le serían reclamados los honorarios de la asistencia medica, dado que ella carecía de la cobertura asistencial.
Actualmente la mujer sigue enferma y no puede acudir a su trabajo de charcutera. No obstante sí que fue a su medico de cabecera y éste le dio la baja laboral. Pero cuando presentó dicha baja a su empleador, éste le hizo firmar un papel según el cual se tomaba las vacaciones. ¿Con qué fin? No otro que la baja fuese por enfermedad/accidente no laboral.
Al osar defender sus derechos fue despedida. Incluso le mandaron a un trabajador a su casa para hacerle entrega de un documento según el cual no había superado el período de prueba, dejando a su disposición el Finiquito, Talón, Certificado de Empresa y demás documentación.
Acudió entonces a las oficinas del empleador para recoger su dinero y la documentación que le hacía falta, entre otras cosas para acceder al pago de las correspondientes prestaciones mientras estuviese de baja médica... pero no se los dieron.
Despavorida y sin dinero, la empleada no tenía más que tres alternativas:
1 PASAR HAMBRE
2 RECLAMAR VIA JUDICIAL (1 año y medio)
3 DENUNCIAR EN INSPECCION DE TRABAJO (2 MESES 10.000 EUROS DE multa)

¿Es ésta es la maravillosa reforma laboral?
A la pobre mujer ya no le queda dinero ni para comprar huevos.
Tiene una hija, y la empresa (conocidísima en la Region de Murcia) NO LE HA ABONADO NI EL SUELDO DE LOS ULTIMOS 16 DIAS, NI EL CORRESPONDIENTE A LAS VACACIONES.
Consultado el tema, resulta que la omisión del pago del sueldo le costaría a la empresa un máximo de 70 euros en un año o año y medio, de pleito.
Pero esta situación le cuesta a la trabajadora MORIRSE DE HAMBRE.
Si la denuncia presentada cobrase fuerza y vigor, cabría la posibilidad de que la autoridad laboral pusiese fin a esto. Pero mucho me temo que no será fácil, pues el camino es escabroso y la sociedad española ha perdido el principio de solidaridad con el desfavorecido, lo que ahora se viene en llamar PERSONAS VULNERABLES, según la Ley 1/2013. 
Los agentes inspectores sin ese respaldo que da la idea de justicia, de imperio de la ley, de estado de derecho, no tienen fuerza moral para investigar ni sancionar restableciendo el orden jurídico vulnerado y rehabilitando la justicia social violada.
Esto no puede seguir así. ¿Qué hay que hacer para que estas salvajadas no ocurran? ¿Qué solución le vamos a dar a esta señora?

Con este caso, el principio pro operario se ha ido a la real mierda. Estamos en un Stato Totalitario donde rige el principio pro pecunia y en el que hay unos pocos ricos y cada vez más pobres.
Recordemos que las estridencias sociales son el germen de sistemas extremos (de izquierdas o derechas, que para el caso da igual). Si la autoridad inspectora hace caso omiso a la denuncia, estoy dispuesto a acudir a los Juzgados de Instrucción por dejación de funciones, tráfico de influencias y prevaricación.
Esto pasa todos los días, según me cuenta un compañero laborista. Es decir, volvemos a la esclavitud y vamos a acabar convirtiendo el arco mediterráneo en un ejército de mano de obra barata y regresaremos a los tiempos de la España Cañí, inculta, servil, hambrienta y desigual.
¿Es esta la herencia que vamos a dejarle a nuestros hijos?"

miércoles, 17 de junio de 2015

LOS EXTRATERRESTRES, EL ÁREA 51 Y LA NAVAJA DE OCKHAM (PRIMERA PARTE)

Habrá quien me lleve la contraria al respecto pero el primer registro visual de un encuentro cercano con un OVNI se remonta a 1783, ni un año antes. Se trata de un cuadro que representa a unos campesinos franceses atacando con sus horcas a un enorme monstruo que bajó del cielo con sospechosas intenciones.
Pero hay una explicación (siempre la hay).
El primer contrato vinculante entre una empresa privada y un gobierno en materia de defensa también tuvo lugar aquel año. El rey de Francia había patrocinado a los hermanos Joseph y Etienne Montgolfier para que acometieran el diseño y fabricación un globo aerostático que volase con la ayuda de aire caliente y fuese capaz de transportar mercancías y seres humanos. Si bien el proyecto no era propiamente "secreto", su desarrollo sí que estuvo al margen del conocimiento general de la población francesa. Durante uno de los primeros vuelos de prueba del artefacto que los hermanos Montgolfier se traían entre manos, allá por el mes de agosto, uno de los prototipos se vio alcanzado por una tormenta y acabó cayendo en la pequeña localidad de Gonesse causando la alarma entre sus habitantes. El suceso fue plasmado en la pintura antes referida.
La navaja de Ockham es una idea atribuida a un fraile inglés del siglo XIV que se llamaba William Ockham. Éste se preguntaba si, cuando había que explicar un fenómeno, la evidencia prevalecía o bien la explicación menos evidente justificaba dicho fenómeno. En otras palabras, si un hombre se enfrenta a una incógnita, la respuesta siempre ha de ser la más sencilla y no más complicada que la incógnita misma. Como veremos, en el siglo XX la navaja de Ockham se ha aplicado de un modo muy singular al fenómeno OVNI.
Durante más de doscientos años, desde la invención del globo aerostático, la gente de todo el mundo se ha sentido aterrorizada ante la visión de objetos voladores no identificados porque su mera existencia les hacía sentir vulnerables ante un ataque desde el cielo. Un ejemplo muy significativo fue la emisión radiofónica de La guerra de los mundos en la noche de Halloween de 1938, cuando los ciudadanos estadounidenses estaban ya muy atormentados tras la gran recesión y con los pelos de punta ante las ocurrencias bélicas de Adolf Hitler.
En los años 60 muchos ciudadanos de los Estados Unidos estaban convencidos de que su gobierno estaba encubriendo la existencia de seres extraterrestres entre nosotros. Pero ¿por qué iban a fijarse los extraterrestres en ese país y no, por ejemplo, en Alemania o Italia? Lo cierto es que al propio gobierno le vino muy bien que sus ciudadanos pensasen en los marcianos para que prestasen menos atención en otras realidades ufológicas; y es que, objetos voladores no identificados sí que estaban sobrevolando su país. La CIA y la Fuerza Aérea estuvieron jugando desde los años cuarenta al gato y al ratón con el tema para encubrir proyectos clasificados frente a la atención pública. Por ejemplo, en 1942, cuando el primer avión a reacción comenzó a desarrollarse, el ejército estadounidense necesitaba mantener en secreto este novedoso medio de vuelo hasta que los militares estuviesen en condiciones de desvelar su tecnología sin poner en peligro la seguridad nacional. Antes del avión a reacción, las aeronaves eran propulsadas por medio de hélices, por lo tanto la sola idea de un medio distinto de propulsión era un concepto absolutamente inaudito para el público. Por eso el gobierno era consciente de que debía mantener el más alto secreto. Hasta tal punto fueron cuidadosos al respecto que cada vez que un vuelo de prueba del Bell XP-59A despegaba desde el lago Murdoc, en el desierto de Mojave, la tripulación le ponía una hélice falsa en el "morro" por si acaso había testigos.
Sin embargo, estos vuelos dejaban una estela de humo y los rumores entre los pilotos comerciales no tardaron en circular de boca en boca.
El historiador de la Base Edwards, Dr. James Young, jefe a la sazón de los pilotos del XP-59A (en la imagen de más arriba) cuenta que un piloto llamado Jack Woolams tuvo una idea muy simpática. Adquirió una máscara de gorila en una tienda de disfraces de Hollywood y, durante el vuelo se quitó su casco de piloto para sustituirlo por la misma. Cuando un P-38 Lightning de la Fuerza Aérea lo detectó y se aproximó para "echar un vistazo", Woolams hizo una maniobra de aproximación para situarse lo suficientemente cerca del otro avión para que el piloto pudiese ver la cabina de su aeronave. Y, claro, el otro piloto, en lugar de ver  a Woolams, vio a un gorila pilotando un avión sin hélices. El sorprendido capitán aterrizó temblando, se fue al bar más cercano y, rodeado de sus colegas, les contó que había visto un avión sin hélices pilotado por un simio. Sus colegas concluyeron que estaba borracho y el otro se vio en una situación tan embarazosa que optó por marcharse a casa. 
Algunos se preguntarán cómo es posible que las Fuerzas Armadas norteamericanas no estuviesen al corriente de que se estaban probando prototipos aéreos sin su conocimiento. La explicación es muy simple y se remonta a 1947: la CIA estaba desarrollando, con la colaboración de empresas privadas como Lockheed, su propio programa aéreo al margen del ejército (y así hasta ahora). La CIA encontró tan interesante la ocurrencia de Woolams que en los meses siguientes sus pilotos de pruebas del P-38 llevaron máscaras simiescas durante sus vuelos.
Esto nos lleva de nuevo a la navaja de Ockham: si un gorila no puede pilotar un avión, la respuesta más sencilla es que el piloto es un humano que va disfrazado. Sin embargo, el ser humano es como es y, cuando se enfrenta a algo que no conoce, sólo tiene dos opciones: contar lo que ha visto y ser tomado por un loco o callarse la boca. En el caso de los pilotos comerciales y de las Fuerzas Aéreas, la segunda opción era la mejor para no perder el empleo.
Y todo esto nos lleva a Roswell o, si se quiere, al Área 51.
Lo primero que deberíamos entender es que si existe un área 51 es porque hay 50 áreas más. Eso parece claro. Pero nadie se hace preguntas sobre el área 49 o el área 50 (y eso que el Área 13 es la más interesante). Todos estamos subyugados por aquel hermoso pensamiento que Carl Sagan dejó en nuestras mentes: "En el universo hay cien mil millones de galaxias, cada una de las cuales contiene cien mil millones de estrellas". Claro, ante semejante perspectiva y dado que habitamos un sistema solar con ocho planetas de los cuales uno es nuestro hogar, es imposible obviar la posibilidad de que seres extraterrestres existan y nos puedan visitar.
Dejando claro que aquí no estoy cuestionando la primera premisa (que existan los alienígenas) y puntualizando que mi ignorancia sobre ciencias me lleva (navaja de Ockham) a pensar que las visitas de seres extraterrestres son para mí, por sentido común, más un problema astronáutico que astronómico, lo cierto es que la evidencia historiográfica delimita y anula toda relación entre el Área 51 y los extraterrestres. Y, tirando de datos, voy a contar por qué.
El Área 51 es un misterio. Muy poca gente sabe lo que ocurre allí. Para muchos, es el Shangri-la de los más avanzados sistemas de espionaje y altotecnología aeronáuticas. Para otros, el lugar donde se esconden los mayores secretos sobre OVNIS y alienígenas spilgbergianos. De nuevo nos toca recurrir a la navaja de Ockham, aunque esto suponga conocer el secreto de los Reyes Magos.

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lunes, 15 de junio de 2015

EL DÍA QUE WERNHER VON BRAUN CONOCIÓ EL MIEDO

Sobran las palabras para presentar al personaje. Von Braun fue el científico nazi que diseñó los famosos V-2 para Hitler, esos misiles primigenios que caían sobre Londres devastando manzanas enteras con su metralla. Cuando acabó la guerra, él como tantísimos científicos alemanes acabaron trabajando para los Estados Unidos y la Unión Soviética (nunca fueron juzgados por su filiación ni represaliados por su responsabilidad dentro del nazismo, al contrario). Un día hablaremos de cómo se repartieron ambos bloques a estos singulares personajes, así como de las verdaderas raíces de lo que todos conocemos como Guerra Fría (y que poco o nada tienen que ver con lo que suelen contarnos). Hoy vamos a hablar del único día en el que Wernher von Braun sintió verdadero pavor y tal vez se arrepintió de poner sus conocimientos al servicio de la política. Bueno, hablaremos de eso y de otras cosas todavía más preocupantes.
En 1958 los Estados Unidos organizaron, supervisaron y luego trataron de ocultar dos de las pruebas militares más peligrosas de la historia. Se trataba de sendas bombas termonucleares, llamadas Teak y Orange, cada una de las cuales tenían una potencia de nada menos que 3,8 megatones (la de Hiroshima tenía 15 kilotones "nada más"). No fueron explosiones de superficie sino en la alta atmósfera, y tuvieron lugar en el atolón de Johnston, a 1.200 kilómetros al oeste de las islas Hawaii. Teak explosionó a 80 kilómetros de altura y Orange a 45 km de altitud. Dicho de otro modo: ambas bombas reventaron justo en la capa de ozono. La excusa fue estudiar qué ocurriría si los soviéticos hacían una detonación a semejante altura sobre territorio norteamericano.
Lo primero que aprendieron fue que, en lugar de pasar desapercibida o ser difícilmente detectable, una detonación nuclear en la capa de ozono resultaba instantáneamente detectable y especialmente catastrófica en todos los sentidos. Las bolas de fuego producidas por ambos artefactos quemaron las retinas de todo bicho viviente en un radio de 362 kilómetros (se experimentó con monos y conejos, que fueron llevados al atolón y sus proximidades para salir de dudas: las cabezas de los animales fueron sujetas con artilugios para forzarlos a mirar hacia el punto donde tuvo lugar la detonación). Pero aún hay más: desde Guam hasta Maui el cielo azul se volvió rojo, luego blanco y después gris, provocando una aurora de 3.500 kilómetros sobre el meridiano geomagnético. Las comunicaciones de radio quedaron interrumpidas en el Pacífico durante 8 horas. Y, por supuesto, se abrió un agujero en la capa de ozono.
La Teak fue detonada el 1 de agosto de 1958 y von Braun, junto con otros científicos y. militares, contemplaron el "espectáculo" a una distancia de 1150 kilómetros al suroeste de Honolulu. Debido a un error de cálculo, el misil que portaba la bomba se desvió 26 millas de su objetivo y explosionó demasiado cerca de donde ellos se encontraban, de hecho casi sobre sus cabezas. El espectáculo les sobrecogió. Todos los pájaros del atolón murieron y la primera transmisión de radio que llegó a la isla, horas después, fue una pregunta: "Chicos, ¿todavía estáis ahí?".
En sus primeros diez milisegundos, la bola de fuego de la Teak adquirió un tamaño de 16 kilómetros (el tamaño de la isla de Manhattan). Al cabo de un segundo, la deflagración ya alcanzaba los 64 kilómetros de diámetro (cinco veces el condado de la ciudad de Nueva York). La radiación ultravioleta, como decimos, abrió un enorme agujero en la capa de ozono de 50 kilómetros de radio, sin embargo ese tema no preocupaba a finales de los años cincuenta.
Con gafas de aviador, una florida camisa hawaiana y sus pantaloncitos cortos a juego, Wernher von Braun observó la deflagración y quedó horrorizado. Tanto que abandonó la isla en cuanto las comunicaciones se restablecieron  y no quiso asistir al test de la segunda bomba.
Pero allí no acabaron las pruebas nucleares en la alta atmósfera, al contrario. Semanas después dio comienzo el ultra secreto proyecto Argus.
El Argus supuso la primera prueba de lanzamientos de misiles nucleares desde barcos de la Armada. Los días 27 y 30 de agosto y el 6 de septiembre de 1958, tres cabezas nucleares fueron lanzadas en misiles X-17 desde la cubierta del USS Norton Sound, cerca de las costas de Suráfrica, en el Atlántico Sur. Explosionaron a una altitud aproximada de 500 kilómetros. Se trataba esta vez de conocer el efecto de una explosión termonuclear por encima de la atmósfera terrestre, pero siempre dentro de su campo magnético. Querían saber si el pulso magnético podía dañar el equipamiento militar en superficie e incluso si esas explosiones servirían para interceptar y anular un posible y eventual ataque ruso con misiles nucleares. Pero no llegaron a ninguna conclusión, excepción hecha de que los Estados Unidos eran ya perfectamente capaces de lanzar misiles nucleares de largo alcance desde sus barcos. Resulta curioso que no hubiese filtraciones al respecto de estos experimentos hasta 1992.
¿Estaban los científicos del presidente colaborando en construir un mundo más seguro o abusando de su poder en la Casa Blanca? Sobrecoge la total falta de supervisión de que disfrutaron, por no decir "de impunidad".  Con el proyecto Argus, los consejeros científicos del Presidente estaban usando el espacio como laboratorio y demostrando un absoluto desprecio sobre los potenciales efectos catastróficos sobre la totalidad del planeta Tierra.
¿Qué hicieron los rusos mientras tanto? Bueno, Nikita Kruschev era muy consciente de que tenía que dejar claro quién mandaba. Por ello, el 30 de octubre de 1961 la Unión Soviética detonó la más grande y poderosa bomba nuclear que haya conocido el mundo: la Tsar Bomba. Era, sí, una bomba de Hidrógeno de... ¡50 megatones!


Si tenemos en cuenta que los 3,8 megatones de la Teak habían asustado a von Braun, el hombre que no se asustaba nunca de nada, podemos imaginar difícilmente que un solo artilugio pudiese contener el poder explosivo de todo el armamento utilizado en los siete años de la II Guerra Mundial, incluidas las dos bombas de Hiroshima y Nagasaki. La Tsar Bomba fue detonada en el norte de Rusia, volatilizó pueblos enteros y rompió los cristales de muchas casas a 1600 kilómetros de distancia (por ejemplo en Finlandia). Todo bicho viviente en un radio de 645 kilómetros quedó ciego (también seres humanos, por supuesto).
Y ahora hablemos de las consecuencias de la radioactividad. Siento ilustrar esta parte con imágenes tan poco agradables, pero considero que si vemos los efectos que produjo a medio y largo plazo la Tsar Bomba en las poblaciones vecinas a su campo de pruebas nos podremos hacer mejor idea de lo que, sin duda, habrá estado sucediendo en otros lugares del planeta sin que se nos diga nada al respecto.
La radioactividad contamina durante 20.000 años el entorno si la detonación se produce en superficie, pero si ésta tiene lugar en la atmósfera, los vientos se llevarán las partículas a cualquier rincón del planeta y éstas acabarán depositadas en lugares tan insólitos e insospechados que ninguno podemos saber si nuestros alimentos han sufrido algún tipo de contaminación nuclear.
Cuando tuvo lugar el accidente de Chernobil, que marcó el definitivo desmoronamiento de la Unión Soviética y el sistema comunista, todo Occidente se llevó las manos a la cabeza ante la preocupación de que la nube radiactiva de su reactor pudiese afectar a la salud de los europeos (de hecho, las mediciones arrojaron indicios de contaminación en zonas tan alejadas como Valencia, islas Baleares o País Vasco).
Pero yo me pregunto, ante el recalcitrante silencio que oscurece cualquier atisbo de información en torno al desastre de Fukushima, si los millones de toneladas de agua radiactiva que fueron y son vertidos al océano Pacífico no habrán conformado el equivalente a una nube radiactiva subacuática que estará contaminando inexorablemente nuestros mares por los siglos de los siglos.
Sólo el tiempo dirá si la energía nuclear, utilizada con fines bélicos o pacíficos, no habrá supuesto el fin de nuestra civilización y, por ende, será el punto final de la revolución neolítica que nos condujo a ser la especie más salvaje y menos merecedora de habitar este variado, increíble y bello planeta del que parece que nos hayamos desentendido.
Dicho esto, veamos el mapa de pruebas nucleares que hemos disfrutado en el mundo durante el magnífico siglo XX:



sábado, 13 de junio de 2015

EL TRIPULANTE DEL ACUSHNET Y HERMAN MELVILLE

La vida a bordo de un barco ballenero era un tedio inacabable, interrumpido ocasionalmente por el entusiasmo de la persecución (y no pocas veces por la muerte o heridas graves de uno o varios tripulantes), la preparación del arpón, su lanzamiento y la captura del cetáceo, y cuando se hervía su grasa para la extracción del aceite, que se almacenaba en barriles en la bodega. Una expedición duraba a menudo tres años y a veces el ballenero podía regresar a puerto sin un solo barril de aceite en la bodega.
Entretanto, mientras el ballenero zigzagueaba por los mares en busca de su presa, los tripulantes dormían, fumaban, o esculpían dientes y huesos de ballena para convertirlos en diversos objetos. Y si no hacían nada de lo anterior, solían inventar historias o "jugaban" en la jerga de los balleneros, contaban aventuras (unas ciertas, otras no tanto) sobre ballenas y balleneros que habían conocido.
Muchos relatos se referían a ballenas que habían sido alcanzadas y luego se habían soltado, como cuando en 1802 el capitán Peter Ruddock perdió a su presa tras haberla arponeado y cuando trece años más tarde sus hombres mataron un cetáceo que habían estado persiguiendo, comprobaron que el oxidado arpón de Ruddock estaba clavado en el costado del animal.
Las leyendas más populares eran as de ballenas conocidas por sus cualidades guerreras. Por ejemplo, a principios de la década de 1800, el cachalote negro denominado Tom de Nueva Zelanda se hizo famoso por las docenas de balleneros que había destruido (cuando lo capturó finalmente el Adonis, logró convertir en astillas nueve embarcaciones que le perseguían antes de morir).  Una explicación probable para su agresividad eran los diversos arpones que se encontraron alojados en sus carnes cuando lo descuartizaron.
Pero entre todos los relatos que los balleneros intercambiaban durante sus muchas horas de ocio a bordo o en las tabernas de los puertos de todo el mundo, destacaba un nombre por encima de todos los demás: Mocha Dick, un cachalote macho conocido por la enorme cicatriz blanca en su gigantesca cabeza y la ferocidad de sus envites.  Este cachalote tomó su nombre del primer ataque conocido contra un ballenero en 1810 cera de la isla Mocha, a unas trescientas millas al sur de Valparaíso, en la costa pacífica de Sudamérica. Tan renombrado era Mocha Dick por su habilidad para eludir su captura y al mismo tiempo destruir casi todo lo que se lanzara contra él, que indudablemente muchos de los ataques que se le atribuyeron eran obra de otras ballenas, pero no disminuyeron los relatos sobre sus hazañas, hasta el punto de que durante los cincuenta años siguientes se convirtió en "la ballena blanca" que seguía atacando buques balleneros y sus tripulaciones.
Después de aproximadamente un centenar de batallas, en las que treinta hombres habían perdido la vida y muchas docenas de embarcaciones habían sido destruidas, en general se admite que Mocha Dick, tuerto y con diecinueve arpones en sus laceradas carnes, acabó su vida en manos de un ballenero sueco en 1859, y aunque por fin abandonó los grandes océanos, su reputación garantizó que un día el relato de sus hazañas se convertiría en uno de los pilares de la literatura universal.  Sólo faltó que Herman Melville, ya experimentado ballenero como tripulante del Acushnet, con base en Fairhaven, Massachussetts, elaborara su obra maestra con el título de Moby Dick.
Esto condujo a que un experimentado inspector ballenero del siglo XIX hiciese la siguiente afirmación:
"Si escribís un libro sobre la pesca de ballenas, no digáis exactamente la verdad. Si lo hacéis, nadie en tierra os creerá y nadie en el mundo de la pesca de ballena os reconocerá como balleneros, ya que ningún autor de relatos sobre ballenas ha contado nunca exactamente la verdad desde que Herman Melville estableció la norma de la falsedad ballenera."

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viernes, 12 de junio de 2015

WENCESLAO FERNÁNDEZ FLÓREZ Y EL ARTE DE LA CRÓNICA PARLAMENTARIA

Hubo una época en la que en la que el Congreso de los Diputados conoció grandes oradores y éstos tuvieron el reconocimiento de excelentes cronistas. Para mí esa etapa concluyó cuando culminamos en este país la Santa Transición y el inigualable periodista Luis Carandell dejó de reflejar los rifirrafes y tontadas de Sus Señorías.
Carandell fue el último heredero de una tradición decimonónica (todo es decimonónico en España) que alcanzó su máximo exponente en la figura de don Wenceslao Fernández Flórez, quien nos legó auténticas perlas en cuanto a la crónica parlamentaria se refiere. En su galleguismo, el humor y un excelente dominio del castellano (los gallegos llevan el latín pegado a la espalda, no me cansaré de decirlo), don Wenceslao construía artículos que merecen pasar a los anales de la literatura periodística (y que nos remontan a aquella desaparecida época en la que los periodistas sabían leer y escribir). Hablemos, pues, de él.
En algunas de estas acotaciones nos hemos permitido comparar al cronista parlamentario con un pescador. Un pescador no es un hombre envidiable, sentado en la ribera, meditativo y callado, con una enorme caña entre las manos, pacientemente sometido a la buena fe de unos peces que quieren picar, justifica los abundantes epigramas que a su cota se han hecho. Así escribía Fernández Flórez un día de diciembre de 1916; y explicaba, que en aquella tarde, la caña del cronista de Cortes no alzó nada que valiese la pena: Cebamos el anzuelo, un tirón. Es el hijo del señor Navarro Reverter. Gordo, calvo, remiso, lento de imaginación y de palabra... no es comestible... lo desprendemos de la púa acerada y lo devolvemos al mar... otro tirón... es el hijo del señor Navarro Reverter... al agua otra vez. Media hora más... tiemblan unos círculos en torno del hilo, levantamos la caña y la brillante y desnuda cabeza del mismo contumaz individuo de la comisión vuelve a brotar entre el agua marina.
No creo que se pueda describir mejor la situación en que, tarde tras tarde, se encuentra el cronista parlamentario encaramado en la alta tribuna de la prensa, pensando sin cesar en la obligación que le impone su redactor jefe de escribir el artículo del día. Escucha pacientemente largos discursos, aquellos discursos de los que don Wenceslao decía en sus crónicas de la época de la Primera Guerra Mundial, que eran los gases asfixiantes del parlamentarismo. En las dos series de Acotaciones de un oyente que el autor hizo para el diario ABC de 1916 a 1918 y, posteriormente, durante las Cortes Constituyentes de la República -más literarias las primeras, más políticas las segundas-, se puede decir que dio a los cronistas parlamentarios del futuro una completa guía de la vida y milagros, hechos y decires de sus señorías, de la variopinta diversidad de su oratoria, de sus conversaciones de pasillo, de los pactos del salón de conferencias.
La vida que no es una curiosidad inteligente no vale la pena, escribía don Wenceslao al terminar sus crónicas de 1931.  Sus artículos son en efecto un ejercicio de curiosidad y de observación; pero son sobre todo un ejercicio de libertad. No informa sobre el contenido de los debates. Esta no es su función, aunque los esboza siempre y a menudo da sus propias opiniones utilizando la caricatura literaria, que a veces llega al surrealismo, de la realidad observada. Su humor tiene un tono conservador propio de quien deja discurrir su mirada sobre el mundo sin querer cambiarlo. Pero la suya es una mirada benévola, que no descalifica a nadie aunque se complace en mostrar la existencial comicidad de las situaciones que describe, la comicidad, en el fondo, de la condición humana. Es maestro de la descripción de las personas y de sus actitudes en los largos debates. Comenta así, por ejemplo, la costumbre que el conde de Romanones tenía de hurgarse los dientes con su palillo mientras estaba sentado en su escaño:
Es muy frecuente ver este palillo entre los labios del señor conde. Suponemos nosotros que al salir de su casa, el gran estadista advierte que, en la tercera muela de la derecha del maxilar inferior, ha quedado enterrado el granillo de una uva. Intenta desalojar al intruso, pero el automóvil va dando brincos sobre los baches y el señor presidente fracasa en su intención."Bueno", piensa, "cuando esté en el banco azul veremos quién puede más"... Recomendamos a los asiduos del Congreso que no dejen de conceder algún día tres cuartos de hora a sus ocios para asistir a esta lucha emocionante. El señor Conde, examina el terreno, pincha el granillo, que cada vez se va refugiando más adentro en la oquedad insondable de la muela. Don Álvaro va alzando el codo, va abriendo la boca más y más, pugna, revuelve, escarba, sacude, imprime al palillo un movimiento giratorio, espeluzna el bigote, se derrumba poco a poco en el banco azul.
A través de las Acotaciones vamos viendo al señor Maura que se queda traspuesto un momento en su escaño, contemplamos la plácida siesta del diputado Nougués, conocemos a Alfonso Rodríguez Castelao, el Ghandi gallego, dice de él Fernández Flórez en un vivo retrato, o escuchamos el redoble de puñadas que se atiza en los pectorales don Indalecio Prieto al contestar a una interpelación. Una de las más famosas crónicas de don Wenceslao es la que escribió después de una sesión secreta en las Cortes Constituyentes de 1931. En una nota de la redacción el periódico ABC explicaba que el día anterior había recibido de su corresponsal parlamentario un fajo de cuartillas en blanco, una crónica secreta. Y añadía que, en conversación telefónica, Fernández Flórez había advertido al periódico que no toleraría que se suprimiese ni una sola línea del artículo.
En el Senado, esa cámara que todavía no sabemos para lo que sirve pero sí lo que nos cuesta, decía don Wenceslao, hay menos luz, menos gente, no se grita, los ujieres están más gordos. En aquella época, el Senado era una Cámara de Pares, con mayoría de rancios títulos; alguno de los senadores, advertía el cronista, fue encontrado en una excavación. Del más anciano de ellos, el señor Groizard, afirmaba que es tan viejo, tan viejo, que un día se quedó contemplando el cuadro de la Conversión de Recaredo de Muñoz Degrain, que se conserva en el Salón de Conferencias, y exclamó: ¡Gran día, rudo golpe para el arrianismo! Pero Recaredo no era así, ni san Leandro tampoco. No se parecen en nada.
La primera serie de las Acotaciones está dedicada al maestro Azorín, genial creador de las crónicas parlamentarias en el periodismo español (SIC). Azorín, es cierto, fue el maestro de Fernández Flórez en el arte de escribir, pero no tanto en la ironía de la intención. Don Wenceslao no abandona nunca el humor. Se fija mucho en las formas de la oratoria de la Cámara. No le gusta la pomposidad de que aún usaban algunos oradores de la época, como don Niceto Alcalá Zamora, pero rinde tributo a la oratoria persuasiva de don Melquiades Álvarez, el inventor del reformismo, tan persuasiva, dice Flórez, que si alguna vez se viera que no prosperaba la cosecha de garbanzos, se debería enviar a don Melquiades al campo para que les arengara diciendo: Ah, señores garbanzos, y a medida que la oración avanzase iría brotando aquí un tallo, allá otro, luego una mata, después verdearía todo el garbanzal... Don Melquiades, según cuenta Fernández Flórez, en un discurso sobre el tema de la instrucción pública, fue bajando uno a uno los escalones desde su alto escaño, diciendo a cada paso: Señores del gobierno -un peldaño-, vosotros... -otro peldaño. Y dice don Wenceslao que, a medida que descendía los escalones, los ministros iban apretándose contra el banco azul poseídos de un pánico creciente. Y luego, la oratoria azucarada del señor Osorio, la austera y reprobatoria de Salmerón, la oratoria llamada del dispense usted de aquel diputado señor Zumárraga, que pedía perdón por cada expresión que salía de su boca y esperaba en vano que el presidente de la Cámara agitara la campanilla. O bien la oratoria que Fernández Flórez llama de canto de codorniz que empleaba el famoso doctor Cortezo, diciendo: Los sufridos, los resignados, los pacientes médicos rurales, vienen soportando, vienen aguantando, vienen sobrellevando la quietud, la inmovilidad, el estatismo de los gobernantes. O la de aquel otro orador que afirmaba, mientras ganaba tiempo para que se le fuera ocurriendo una frase acertada: "Yo conozco un lugar próximo a Almadén, muy próximo a Almadén, tan próximo a Almadén que son las minas de Almadén".
Y también menciona don Wenceslao a los velocistas de la oratoria. El señor Bullón, dice Fernández Flórez en una crónica de 1918, demostró cómo se puede pronunciar en media hora un discurso de dos horas. Dos taquígrafos pidieron la excedencia, asegura el autor. Y añade: La velocidad del orador aumentaba de tal manera que el final del discurso llegó a nosotros diez minutos antes que los párrafos anteriores.

¿DE DÓNDE VIENE LA HISTORIA DEL ARCA DE NOÉ?

En el libro del Génesis leemos: "El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del gran abismo, y las compuertas del cielo se abrieron, y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches" (Gn, 7,11-12).
El arca de Noé deriva del latín arca, palabra relacionada con el verbo arcere, que significa encerrar o contener. Se podría decir que el arca logró "contener" el diluvio.  Una teoría interesante sobre el origen de Noé es Nuah, una diosa lunar de la tradición babilónica, que empleaba un arca para transportar a los hombres entre un mundo y el otro. Hay un paralelismo evidente entre Nuah y el dios egipcio Osiris, que transportaba a los muertos al otro mundo; Caronte el barquero, que transportaba las almas de una orilla del riío Estigia hacia el Hades, en la otra orilla, y el rey Arturo, que viajó a Avalon a bordo de una nave.
Muchas culturas contienen relatos análogos sobre el diluvio universal que eliminó a una humanidad descarriada.  Quizá el más conocido sea el relato bíblico al que aludimos, pero éste es una variante del poema épico sumerio de Gilgamesh, un relato tan antiguo que antecede al propio Homero (que fue coetáneo de los primeros escritos del Génesis).  En el año 1853 se encontraron doce tablillas en la biblioteca excavada del rey asirio Asurbanipal.  Estas tablillas, algunas de las cuales databan del año 2000 a.C., contenían una serie de antiguas historias y mitos babilónicos cuyo principal protagonista era Gilgamesh, el legendario rey de Uruk.
En los relatos, Gilgamesh se enteró de que el dios Ea había instado al ser ancestral Utnapistim a construir un barco para salvar a sus familiares, sus bienes y una selección del ganado y animales salvajes; el arca que se construyó tenía forma cúbica y medía 120 codos por cada lado (unos siete metros).  Un temporal rugió durante seis días y seis noches y al séptimo día, el arca se posó en la cima del monte Nasir.  Entonces Utnapistim soltó una paloma, que regresó al barco, seguida por una golondrina, que también volvió y por último, soltó un cuervo, que no regresó.
Según la mitología griega un hijo de Prometeo llamado Deucalión y su esposa Pirra lograron sobrevivir al diluvio en un arca y se dedicaron a repoblar la raza humana, mediante el novedoso sistema de tirar piedras por encima del hombro; cada piedra se convertía en un ser humano.  Según el mito griego del diluvio de Ogigia, la gran inundación tuvo lugar durante el reinado de Ogiges, unos doscientos años antes de las lluvias que afectaron a Deucalión.
El Rig Veda de la India (en sánscrito, rig significa riqueza o alabanza y veda significa conocimiento) es una recopilación de salmos que datan por lo menos del año 2000 a.C. y constituyen el que quizá sea el documento más antiguo de todas las escrituras sagradas aún empleadas por las religiones actuales e incluyen el relato del arca de Manu (el antepasado de la humanidad), que se salvó cuando lo remolcó hasta un lugar seguro un pez enorme que había sido salvado por él cuando era pequeño.
El relato escandinavo llamado Edda (el nombre comparte una etimología común con el veda sánscrito) cuenta la historia del fallecimiento del gigante primigenio Yimir. Lo mató el dios Odín y su sangre inundó el mundo destruyendo a todos los seres vivos excepto Bergelmir y a su esposa, que sobrevivieron en una embarcación y procedieron a fundar una nueva raza.
El pueblo hopi de Arizona cuenta que el dios creador Sotuknag destruyó a los habitantes de una civilización anterior con una inundación y que los propios hopi se salvaron gracias a balsas de junco.
Las leyendas maoríes cuentan que el dios Tawaki desató su ira sobre la humanidad por sus continuos pecados mediante una inundación con todas las aguas del cielo. Sólo se permitió a unos pocos sobrevivir con balsas.
Trow, el antepasado mítico del pueblo dyak del norte de Borneo, se logró salvar de las inundaciones en un abrevadero, hasta que las aguas decrecieron.
El pueblo arapahoe, en Norteamérica, cuenta que su deidad Rock se mantuvo a salvo gracias a una embarcación hecha de telarañas y hongos.
Los antepasados de los lituanos se salvaron al resguardarse en una cáscara de nuez, mientras que los ancestros del pueblo boliviano chane se salvaron al flotar en una olla de barro hasta un lugar seguro.
Las leyendas hawaianas hablan de Nuu, que junto con su esposa, sus tres hijos y las esposas de éstos, se salvaron de una inundación que destruyó el mundo gracias a una enorme embarcación que él había construido; al descender las aguas, dicha embarcación se posó en Mauna Kea, la montaña más alta de las islas (asombroso aquí el parecido con la historia de Noé).  Según las tradiciones venezolanas, la "era de las aguas altas" quedó registrada en unas marcas talladas en lo alto de los acantilados por artistas prehistóricos que trabajaban desde sus canoas.
Uno no sabe si fue lluvia, desbordamiento o tsunami, pero es curioso que en todas las culturas aparezcan historias tan similares en esencia entre sí.
Tal vez el filósofo griego Demócrito (460-370 a.C.) tenia razón y sabía más de lo que revelaba cuando dijo que "la naturaleza tiene verdades sepultadas en el fondo del mar".

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jueves, 11 de junio de 2015

JOSEF STALIN Y LOS HUMANCÉS

Los chimpancés son nuestros parientes más cercanos biológica y genéticamente hablando. El código genético entre ambas especies es prácticamente idéntico. De hecho, muchos expertos en taxonomía han planteado en diversas ocasiones la posibilidad de que el chimpancé pase a ser considerado del género homo. Y es que tan sólo dos cromosomas nos separan de este pariente tan cercano.
En el caso de los equinos, las mulas que nacen del cruce de un burro y un caballo se enfrentan a diferencias de muchísimos más cromosomas. También en el caso de las cebras cruzadas con burros: una cebra tiene 62 cromosomas y un burro 44, y sin embargo la hibridación es posible. Resulta obvio que, estando a tan sólo dos cromosomas de distancia, el híbrido entre un chimpancé y un humano ha de ser muchísimo más fácil de conseguir.
Resulta muy llamativa la tremenda propensión que han tenido siempre los dictadores hacia los proyectos más aberrantes y descabellados. En los años veinte, Josef Stalin se planteó reformar el Ejército Rojo y convertirlo en un cuerpo de superhombres. En algún sitio había leído que un chimpancé es cinco veces más fuerte que un humano y llegaron a su conocimiento los trabajos de un científico ruso llamado Ilya Ivanov, que fue uno de los pioneros de la inseminación artificial e iba por ahí dando conferencias sobre la posibilidad de hibridar humanos y chimpancés. Automáticamente, el loco dictador llamó a Ivanov y le dio unas instrucciones precisas: "Quiero un nuevo ser humano. Un ser humano invencible, insensible al dolor, resistente e indiferente a cualquier incomodidad. Que pueda comer cualquier alimento aunque sea de mala calidad. Quiero un nuevo súper soldado".
En 1926, el Politburó aprobó una dotación económica importantísima para que Ivanov organizara una expedición al África occidental con el fin de que llevase a cabo sus experimentos. Allí fue el científico con armas, hombres, exploradores, cazadores, guías y porteadores en lo que fue una de las mayores expediciones que se hayan hecho nunca. En su campamento hizo muchos experimentos: había capturado numerosas hembras de chimpancé a las que trató de inseminar con semen humano. No tuvo éxito, pero Stalin, obsesionado con el proyecto, le montó a Ivanov un laboratorio en Georgia con la última tecnología de la época.
Entonces Ivanov decidió llevar a cabo el proceso contrario: inseminar mujeres con semen de chimpancé. Decenas de voluntarias fueron tratadas durante los procesos de inseminación artificial que Ivanov dirigía. Se dice que ocasionalmente el científico permitió que dicha inseminación se intentase de forma natural. Todo con tal de conseguir sus objetivos y satisfacer al dictador.
Pero el tiempo pasaba y Stalin comenzó a impacientarse hasta que al final se hartó de esperar y deportó a Ivanov a un precioso gulag de Kazajistán donde moriría en 1932 a la edad de 61 años.
¿Fue éste el único intento de crear humancés? ¿Perteneció a esa época de caudillos locos que alentaban todo tipo de experimentos aberrantes? Nótese que la ocurrencia de Stalin tuvo lugar casi veinte años antes de que Mengele y otros realizaran sus atrocidades en los campos de exterminio nazis bajo el amparo de Hitler.
La duda nos lleva a tiempos mucho más recientes y a un personaje muy singular: Geoffrey Born. Este hombre trabajó para la CIA en el MK-Ultra: era el encargado de crear los famosos "asesinos programados", unos asesinos a los que se lavaba el cerebro, no sabían nada de su misión y se les podía activar con una palabra clave o una simple llamada telefónica. Pero lo que nos interesa de Born es que fue durante nada menos que 26 años el director del Centro Yerkes para la Investigación de los Primates, una instalación relativamente secreta de investigaciones avanzadas para el ejército de los Estados Unidos de la cual sabemos que se investigaba con gorilas y chimpancés; poco más. Del Centro Yerkes han surgido muchos rumores y leyendas, la mayoría disparatadas. Pero en el Sunday Times del 29 de agosto de 1976 apareció un artículo en el que se describían con minucioso detalle las intenciones del tal Geoffrey de crear un híbrido entre un ser humano y un gorila para utilizarlo como soldado de élite de los Estados Unidos. De esto hace casi 40 años y el Centro Yerkes todavía existe y está vinculado a diversas universidades. ¿Qué habrá sucedido en estas últimas cuatro décadas entre sus muros?
Pero ¿existió algún humancé entre nosotros o lo más parecido lo encontramos en Hollywood?
En 2012, en un santuario de animales donde acaban los simios que han pasado sus vidas explotados en circos y otros espectáculos lamentables falleció el candidato más idóneo para ser un humancé en toda regla: Oliver.
Oliver era un chimpancé que había sido comprado para un circo junto con otros ejemplares de su especie a unos tratantes de animales que los habían capturado en las selvas del Congo. Sus primeros dueños, propietarios de un circo, en seguida se dieron cuenta de que Oliver era distinto a los demás. Para empezar, carecía de vello facial. Además sufría de alopecia (una cosa que sólo nos pasa a los seres humanos). Y su comportamiento también era muy extraño.
Oliver fue exhibido por todo el mundo y se hizo muy famoso en los años 70. ¿Qué lo hacía tan especial? El hecho de que su comportamiento era demasiado humano. Siempre caminaba erguido: era bípedo. La primera ropa se la puso él: se la robó a sus dueños y se vistió como un ser humano. Poco a poco, conforme los dueños iban cogiendo confianza con él, le toleraban más cosas y Oliver se aficionó a ese tipo de cosas que no son propias de animales: empezó a fumar por propia voluntad, pedía café... Al principio le concedían sus caprichos, pero muy pronto él mismo se los procuraba: preparaba cócteles, cogía la cafetera, la ponía en el fuego, servía una taza, echaba azúcar y leche, se iba tranquilamente a su cuarto, se ponía la televisión y se sentaba en un sillón con su tacita de café y su cigarrillo a ver sus programas preferidos.
Fue precisamente por esa afinidad con los seres humanos por lo que Oliver fue cambiando de dueños. Tenía demasiadas similitudes en muchos aspectos y no todos sus propietarios supieron asimilar esas extravagancias. A algunos les daba realmente miedo: recordemos que un chimpancé es cinco veces más fuerte que un ser humano. Oliver era, por lo tanto, un ser que si te causaba inquietud te lo podía hacer pasar francamente mal.
Tras su fallecimiento, los análisis genéticos de Oliver arrojaron que había algo extraño, efectivamente, en él. Su ADN mitocondrial sufría una mutación que lo hacía extraordinariamente afín al ser humano. Poseía 47 cromosomas (uno más que los seres humanos y uno menos que los chimpancés normales). ¿Surgió Oliver por accidente? ¿Fue una mutación genética que no se volverá a repetir? ¿Descendía de algún especímen que había pasado en los años 20 por los experimentos del doctor Ilya Ivanov? Nadie lo sabe. Pero, de serlo, Oliver habría sido un humancé natural.
Lo que sobrecoge de toda esta historia es que muchas veces la realidad supera a la ficción y que los experimentos científicos amparados por extravagantes idearios pueden abocarnos por los más escabrosos senderos de nuestra propia historia. Tal vez la escena final de El planeta de los simios (cinta basada en una novela escrita por un espía francés, no lo olvidemos) no resulte tan irreal como pensamos y sí tan inquietante como la percibimos en su día.

miércoles, 10 de junio de 2015

GIROLAMO SAVONAROLA

Savonarola era un religioso dominico que vivía en el monasterio de San Marcos en Florencia. Allí impartía vehementes sermones sobre la pobreza y la sobriedad que se debían seguir por parte de los cristianos. Criticaba las grandes fiestas, los pecados de los jóvenes e incluso llegó a afirmar que el Papa Inocencio VIII era el pontífice más vergonzoso de toda la historia, con el mayor número de pecados y la reencarnación del mismísimo diablo.
Savonarola, con su ruda cabeza adornada de una larga nariz aguileña que a veces escondía bajo la capucha de su hábito marrón, provocaba auténtico terror entre sus fieles. Proclamaba que el fin del mundo estaba muy cerca, que se iba a producir en 1492 y, si no, hacia el año 1500. Profetizaba gravísimas pandemias que iban a exterminar a buena parte de la población.
Y sus acólitos empezaron a creerle pues, si bien los exploradores del Nuevo Mundo llevaron a América el sarampión, de allí se trajeron la sífilis. enfermedad que se extendió por la capital de la Toscana como la pólvora: el cuerpo de las víctimas se llenaba de pústulas, se les caía la carne del rostro y los enfermos enloquecían, No había señal más clara del final de los tiempos.
Todo indicaba que el monje era un auténtico profeta, un elegido de Dios, y que era el fin del mundo. 
Savonarola, por su parte, luchó contra la poderosa familia Médici mostrando que todo lo que él maldecía sus componentes lo encarnaban. Incluso en el lecho de muerte del gobernador Lorenzo de Médici, maldijo a éste haciéndole creer que ardería en el infierno. Tras la muerte de Lorenzo, Savonarola declaró a Florencia una República Cristiana y, ávido de poder, comenzaron los excesos del monje demente. Castigó la sodomía con la muerte: quemaba a esos pecadores en la piazza della Signoria o los ahorcaba en la puerta de la ciudad para que así todo el mundo los viese. Despotricaba contra los espíritus creativos del Renacimiento. Creó además eso tan conocido como "la hoguera de las vanidades". Confiscaba casa por casa todos los objetos que consideraba pecaminosos: cosméticos, espejos, libros paganos, vestidos de fiesta... e incluso instrumentos musicales.
Algunos pintores que fueron fieles seguidores del monje quemaron sus cuadros en las piras demoniacas.
Pero un buen día todo se volvió en su contra. El anunciado fin del mundo no se producía y la gente pasaba penurias económicas. El estado de la ciudad de Florencia se deterioró enormemente. Las predicciones del monje dejaron de hacer mella en sus fieles, a lo que éste reaccionó metiéndose con la propia Santa Madre Iglesia, la cual, obviamente, lo condenó: primero lo excomulgaron, luego dieron orden de arresto desde el Vaticano y finalmente hubo incluso una orden pontificia de acabar con su vida.
Pero fueron los fieles en 1497 quienes rompieron las puertas del monasterio florentino en el que se recluía: entraron, mataron a varios hermanos de su orden, se llevaron a Savonarola y lo torturaron durante semanas. Al final lo ataron a una cruz con cadenas y prendieron fuego a una hoguera en la cual lo calcinaron vivo. No contentos con ello, los restos del monje y sus cenizas fueron arrojados al río Arno, que fue el que acogió in extremis el cuerpo del monje maldito.
En aquellos tiempos no se podía permitir que quedase ni una sola reliquia de Savonarola al alcance de los fanáticos.